Archivo de la categoría: Poemas

Amigos

No es nostalgia,
es la antigua ternura que sobrevive a cualquier tiempo nuevo.
Es la tersa alegría, el fuego recurrente, el irse sin adioses, la presencia sedosa de la inocencia.
Es no estar nunca solos en el quicio de los años.

El tiempo recobrado.
Hermanos de tierra y de memoria.
Espejos donde los rostros se miran en las rosas frescas de ayer.
Ráfagas candenciosas de amor y de consuelo.

Escondites, piedras y sangre en las rodillas y en la frente.
La inmensidad de lo fugaz.
La ingenua cordura y los secretos. Las primeras respuestas.
Las balsas, las veredas.

Y, de nuevo, hermanos del principio.
Henos aquí, hoy y siempre. IMG_5891
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Feliz cumpleaños, Federico García Lorca

Hoy hace 117 años que nació Federico García Lorca.
Y los cumple en el corazón de todos los que amamos la poesía, el teatro, la literatura… y, en definitiva, la libertad y la vida.
Quisiera que me cupiese aquí toda su obra, todos los homenajes que le han hecho, los reportajes, los documentales…
Todo para celebrar su vida, su grandeza.
No me cabe aquí todo, pero sí copiaré aquí uno de sus sonetos (Ya sabéis cuánto me gustan los sonetos).
Y dos canciones: “Take this waltz”, adaptación del “Pequeño vals vienés” -perteneciente al poemario Poeta en Nueva York- de Leonard Cohen, y el Romance de la luna luna interpretado por la aragonesa Carmen París.
Feliz cumpleaños, Federico.

El amor duerme en el pecho del poeta

Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
Oye mi sangre rota en los violines.
¡Mira que nos acechan todavía!



Me anticipé un día. El cumpleaños de García Lorca es el 5 de junio y no el 4. Pero yo ayer creí que ya era 5. Será que tenía muchas ganas de recordar al poeta, de volver a leer su obra. Un aniversario siempre es una buena excusa para hacerlo.

Insomnio

Esquivo sueño que en huir porfía;
descortés invitado de la noche;
ingrato anhelo que marchita el día;
desleal amante; de inquietud, derroche.

Del crepúsculo del ocaso al alba,
desde las sombras del desasosiego,
te llamo y grito que tu ausencia enalba
mis horas negras de tormento ciego.

¿Qué haces lejos de mí, dulce fortuna?
Dime, ¿por qué abandonas mi regazo
y te llevas la calma de la luna?

Vuelve hoy a mí. Mi piel será vereda.
Devuélveme la paz de las estrellas,
envuelve mi descanso con tu seda.

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Mujer de otoño

Con los primeros fríos reverdezco;
se me nota que soy mujer de otoño,
fruto de esta estación, como el madroño.
Cae la noche en la tarde y yo amanezco.

La intensidad del verde, el gris del cielo.
Las aves que ya mudan su plumaje
y se disponen a emprender el viaje
antes de que el sustento se haga hielo.

Ocres, granates, amarillas, rojas,
(“En una decadencia de hermosura,
—dijo el poeta— la vida se desnuda”.)
se marchan las cigüeñas, caen las hojas.

Y en esa desnudez late otra vida.
Cantos del petirrojo trae el viento,
se abre el ciclamen, brota el pensamiento,
silva el zorzal y el escribano anida.

Se me nota en la piel que soy de otoño
como las uvas, como las manzanas,
como las nueces, como las castañas.
En tiempo de las setas, yo retoño.

Se me nota en los sueños, en los versos:
cuando hendía el aire la golondrina
entre membrillos, granadas y endrinas,
yo di en otoño mis primeros besos.

 

Mujerdeotoño

 

Te regalo el amarillo

Te regalo el amarillo, hermano,
porque es el color que más le gusta a tu hijo,
porque es el color que tienen los campos el 17 de junio,
porque es el color del sol y del aceite,
¡y es el color del disco de las margaritas!

Te regalo el amarillo
porque es el color de la hormigonera que te trajeron los tíos de su viaje de novios,
y el color de la traílla en la que papá nos llevaba a coger almendras.

Te regalo el amarillo
porque es el color de la felicidad, de la energía, de la luz y de la fiesta.

Te regalo el amarillo porque es el color del oro,
y oro eres tú, hermano.
Oro, sol, aceite y espiga que,
casi siempre en silencio,
iluminas con tu ejemplo nuestras mentes,
alimentas con tu trabajo nuestros cuerpos
y nutres nuestros corazones con tu amor.

En este cumpleaños, querido hermano,
te regalo el amarillo porque es tuyo.
Porque nadie más que tú es oro, sol, aceite y espiga

Y porque a Pablo le encantará que tú lo tengas.
Aunque lo sabe ya, por eso es su color favorito.

Joaquín blog

Pluma y papel

Bastón y suelo sois de mi memoria,
asideros de sueños y de gloria,
redentores de angustias y desvelos;
retazos de alma en azules riachuelos.

Página blanca, eco del pensamiento,
pluma que desenredas el aliento,
juntas danzáis lo que entona mi seso
y espejo sois de misterios que apreso.

Escucho los rasguños, las caricias
que hace mi corazón en la explanada:
aguijón o pincel, calma o ardicia.

Tinta y papel, en mi carne, ensenada.
Mar, horizonte, abnegada nutricia.
Ríos que traéis historias de la nada.

Pluma y papel blog

Alma a quien todo un dios prisión ha sido…

Hoy he pasado por la plaza de los Sitios y he hecho esta foto. No puedo evitar mirar esta fachada cada vez que paso por delante y preguntarme en qué piso viviría Noelia Duch, la protagonista de “Pétalos de luna”. ¿Desde cuál de esas ventanas arrojó la dedicatoria que arrancó del libro de poemas?

Y me acuerdo de Maribel Verdú. Cuando me llamó entusiasmada después de leer la novela. Me dijo que “Pétalos de luna” le parecía “cinematográfica no, lo siguiente”, me habló, ente otras, de esta escena. Y también se refirió a ella en la presentación de la novela: “esa hoja de un libro que vuela en una noche terrible, unas palabras escritas hace cinco siglos que resucitan para decir una verdad que nadie desea crear con palabras de hoy”.

Os transcribo un trocito de la escena. Lo que ocurrió detrás de una de esas ventanas de la foto la noche del 27 de enero de 2001:

…“Héctor había introducido en el Paraíso, con premeditación y alevosía, la realidad doliente, el mismo infierno. Ya experimentaba mi amiga esa catábasis en su soledad desde hacía un año: el averno de lo incierto, los silencios, las ausencias, la otra vida de él, Inés. Pero no era lo mismo descender al ultramundo desde la tierra que hacerlo desde el mismo Paraíso. La realidad que ambos se habían esforzado en vencer con la fantasía la empujaba ahora al otro lado de la vida.
Le tocaba a Noelia poner fin a esa historia de mentiras, pero Héctor se le había adelantado. Él vencía. Él le presentaba en unos versos el fatal destino al que su amor estaba abocado. Ese destino que ella estaba empeñada en aplazar, en señalarle el lugar y la hora.
Se levantó, abrió los ojos y le enseñó sin pudor sus lágrimas, abrió el pecho y le mostró la herida sangrante, arrancó con furia la hoja en la que estaba escrita la dedicatoria, hizo con ella una pelota y la arrojó con rabia por la ventana.
—¿A esto has venido? ¿No podías habérmelo dicho por teléfono? —le gritó.
Jamás Héctor había imaginado a Noelia de ese modo. Jamás ella había estado así. Sacó toda la ira almacenada durante un año, le estalló el dolor comprimido de tantas horas de ausencia y de mentira.
Como mil caballos desbocados, como un temible volcán de lava ardiente, lava que era la amargura de un año reprimida, castigada sin salir de sus entrañas. Cielo horadado por piedras encendidas, Noelia rugía como un furioso oleaje de horrísonos espumajos. Miraba a Héctor con sus ojos volcánicos, que él nunca había visto en erupción. Ni los estaba viendo porque no se había atrevido a mirarla desde que puso en sus manos aquella desgarradora dedicatoria.
El tormento que mi amiga había estado soportando tantos días, los vientos y las lluvias que había estado conteniendo en su alma durante sus encuentros para que el sol brillara permanentemente en el Paraíso, para que las estrellas estuvieran todas las noches dispuestas de manera perfecta, para que no faltara nunca la luna, rompían ahora todos los diques de su cuerpo y de su alma, y la tormenta más cruel rasgaba el Paraíso en mil jirones. Y temblaba la tierra y un abismo se abría entre los dos amantes.
Poderosas palabras las del poeta que, cuatro siglos después, hacían temblar el Paraíso y frenaban las órbitas de todos los planetas del universo. «Amor constante más allá de la muerte», para decir que su amor ya no tenía tiempo ni lugar en esta vida.”…

 

Soneto a mi adorada hermana en su cumpleaños

Pilar tú habrías de ser que me sostienes,
que recoges la carga de mis dudas
y con un doble giro tú las mudas
–ingenio helicoidal– en grandes bienes.

Mujer de fuego, de aire y de diamante.
Una erupción volcánica en un taxi:
luz, pureza; cristalina sintaxis
de ímpetu, valor y vida radiante.

Quilates de saber y de belleza,
claridad y sensatez; faro que guía
con el fiel resplandor de su franqueza.

Madre, hermana, maestra de hidalguía,
que fuiste ya al nacer una proeza.
Piedra preciosa. Exacta geometría.

Eva

Preludio de la primavera

Ayer vi la primera amapola de este año. Estaba sola, junto a una fuente, y yo pasé a su lado sola también. Me saludó y le di las gracias porque sentí que me anunciaba un tiempo nuevo de alegría y de esperanza.

De niña, de muy niña, creía que las amapolas eran unas rosas a las que no les habían salido todos los pétalos. Yo prefería las rosas: pétalos y pétalos superpuestos en perfecta armonía, su tacto de terciopelo y esa fragancia tan leve y tan distinguida. Aunque la rosa sigue siendo mi flor favorita, cada vez más me siento cautivada por la amapola. Me conmueve su fragilidad escondida tras la fuerza de ese rojo intenso que no existe en ningún pantone. Sigo soñando en ella el preludio de una rosa y, más que soñar, observo, escucho en las amapolas la obertura de un concierto mágico en el que intervendrán también la flor del almendro, las margaritas, los renuevos de las plantas y de los árboles… Un espectáculo de composiciones magistrales que solo una vez al año tenemos la oportunidad de disfrutar.

Los dos primeros poemas que tuve que aprender en la escuela fueron: uno a una rosa y otro a una amapola. Quizá era tan pequeña cuando los aprendí que no supe distinguir si hablaban de la misma flor y le daban nombres distintos. Los copio debajo de la foto.

Marina en el campo con una amapola

Novia del campo, amapola (Juan Ramón Jiménez)

Novia del campo, amapola,
que estás abierta en el trigo;
amapolita, amapola,
¿te quieres casar conmigo?
Te daré toda mi alma,
tendrás agua y tendrás pan.
Te daré toda mi alma,
toda mi alma de galán.
Tendrás una casa pobre,
yo te querré como un niño,
tendrás una casa pobre
llena de sol y cariño.
Yo te labraré tu campo,
tú irás por agua a la fuente,
yo te regaré tu campo
con el sudor de mi frente.
Amapola del camino,
roja como un corazón,
yo te haré cantar al son
de la rueda del molino;
yo te haré cantar, y al son
de la rueda dolorida
te abriré mi corazón,
¡amapola de mi vida¡
Novia del campo, amapola,
que estás abierta en el trigo;
amapolita, amapola,
¿Te quieres casar conmigo?

 

La rosa del jardinero (Serafín y Joaquín Álvarez Quintero)

Era un jardín sonriente;
era una tranquila fuente
de cristal;
era a su borde asomada,
una rosa inmaculada
de un rosal.
Era un viejo jardinero
que cuidaba con esmero
del vergel,
y era la rosa un tesoro
de más quilates que el oro
para él.

A la orilla de la fuente
un caballero pasó,
y la rosa dulcemente
de su tallo separó.
Y al notar el jardinero
que faltaba en el rosal,
cantaba así, plañidero,
receloso de su mal:

—Rosa la más delicada
que por mi amor cultivada
nunca fue;
rosa, la más encendida,
la más fragante y pulida
que cuidé;
blanca estrella que del cielo
curiosa del ver el suelo
resbaló;
a la que una mariposa
de mancharla temerosa
no llegó.

¿Quién te quiere? ¿Quién te llama
por tu bien o por tu mal?
¿Quién te llevó de la rama
que no estás en tu rosal?
….

 

Razón tirana

Razón que vienes a prender mis sueños,
a decirme que existen imposibles,
que eres tú ama del mundo, no más dueños,
y a imponerme vallados infalibles.

Suéltame ya, razón, que me haces daño.
Tu argumento, tu método y tu orden
son buenos compañeros, pero extraño
fe e imaginación que te desborden.

Quiero que se derrumben tus fronteras,
tu certidumbre a veces insolente
tus motivos, tus verdades austeras.

Quiero verte de pruebas defoliada.
He resuelto creer, crear, alcanzar.
Suéltame ya, razón, o sé mi aliada.

pájaro jaula