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5 de febrero, Santa Águeda

Hace pocos años restauraron la Iglesia de Laluenga. Como el tiempo de las obras se preveía largo, los santos no podían estar guardados en cualquier parte porque corrían el riesgo de estropearse. Los vecinos, siempre tan dispuestos, decidieron llevárselos a sus casas y se los repartieron según las preferencias o la devoción de cada cual. Santa Águeda estuvo la mía durante dos años (desde 2009 a 2011). Mi sobrino Pablo, que tenía seis meses cuando la vio allí por primera vez, todavía la echa de menos y espera que algún día nos la devuelvan.
Igual que nosotros no hemos olvidado el tiempo que estuvo con nosotros, sabemos que ella tampoco.
santaguedalaluenga

Fiestas de Laluenga

Queridos amigos:
Esta noche comienzan las fiestas de invierno de mi queridísimo pueblo, Laluenga. Me parece una buena excusa para compartir con vosotros un vídeo de otras fiestas, las del pasado verano, y de paso, y de un modo muy aragonés, os presento a toda mi familia.

26 de diciembre. Sol de invierno.

Sol de invierno
Tarde azul
El paisaje brilla
Los campos ya verdean.

Los motores del viento
truenan entre las piedras.
Los encinares viejos
roncan mientras sestean.

Los olivares tiemblan.

Y la humilde caseta
de mallacanes de oro,
la de la puerta vieja
de madera gris plata
y visera de cañas,
tiende su sombra al norte
y dibuja la ele de Laluenga
para que los aviones
mullidos y regordetes
que en el cielo planean
acaricien su tierra lisonjera.

Veintiséis de diciembre
sol de invierno.

Laluweb

Simpatía y empatía

Según mis padres y mi DNI, nací un 15 de octubre, fecha en la que se celebra la festividad de una gran santa y escritora, Santa Teresa de Jesús. También un 15 de octubre, el del año 77 antes de Cristo, nació Virgilio, autor de La Eneida, una magnífica epopeya que llegué a saberme casi de memoria de tanto usarla en mis clases de Latín. Durante más de una década, desde que estudiaba primero de Filología, y mientras ya ejercía como periodista, dar clases particulares de Latín era en mi vida un hábito tan arraigado y casi tan necesario como lo eran levantarme por las mañanas, comer, llamar por teléfono a mis padres o quedar con mis amigos.

Era una cuestión de máxima importancia para mí que los conocimientos que había adquirido, que mis habilidades y que mi propia experiencia ayudaran a otros a conseguir su objetivo (y el de sus padres): aprobar.

Ser a un tiempo estudiante y profesora era una gran ventaja porque no me costaba nada ponerme en el lugar de mis alumnos: los escuchaba, los observaba y descubría así tanto sus fortalezas como sus debilidades. Las primeras me servían para elevarlos por encima de las segundas de manera que estas últimas no supusieran ningún obstáculo para lograr su propósito. Todos eran muy inteligentes, alguno adolecía de dificultades para concentrarse, otro para memorizar, otro para distinguir entre dos formas verbales…  y a otros, simplemente, no les gustaba el Latín. Partiendo siempre de lo mejor que tenía cada cual, me dedicaba con unos a trabajar la concentración, a otros les enseñaba trucos para recordar o para distinguir los verbos… y a otros intentaba contagiarles mi amor por el Latín explicándoles con detalle el proceso por el cual yo me enamoré de esta lengua.

No quisiera escribir algo que no sea verdad y les aseguro que no recuerdo que ningún alumno suspendiera (ni Latín, ni otras asignaturas que les daba).  El secreto no estaba mis conocimientos (al menos yo nunca lo creí), el secreto estaba en dos palabras griegas συμπάθεια (simpatía) y ἐμπαθής (empatía). El afecto y la identificación con el otro eran lo primero, después venía la transmisión de conocimientos y, a continuación, el buen resultado.

Cuando el trabajo ya no me dejaba tiempo para ello, tuve que dejar las clases. Las añoré durante mucho tiempo. Por suerte ahora también doy otros cursos y, aunque las materias son distintas, ni el afecto ni la identificación han cambiado.

Anoche un amigo escribió dos comentarios en uno de mis post de Facebook:

“Tuve una profesora de Latín estupendísima, te acuerdas?? Lograste que Domeño me aprobara!!! ya no se sí por mis análisis y traducciones del Libro de las Galias o por que le caías muy bien, sería por eso!!! Ahora me dedico a las ciencias ya ves tú un… besazo”.
Rosa rosae me gustó gracias a ti, aún te veo como una profesora, eh!! Jaja con cierto respeto…. “

Me emocionó recordarlo, y me hizo mucha gracia eso de de “con cierto respeto”. Yo también conservo siempre un respeto especial por quienes son y han sido mis alumnos.  ¡Gracias Toño, por ese comentario tan sorprendente!

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Soneto a mi adorado hermano en su cumpleaños

Corazón de oro y de almendros, de espigas,
de agua y de miel: la Tierra palpita en ti.
El sol, la lluvia, el viento son cantigas
que en tu honor bordó la vida en saetí:
los secretos del monte y de las aves;
las confidencias de la luna al pasar…
De la noche y del día tienes llaves.
Siembras, y observas el dulce acompasar
de suelo y cielo que en su piel sentía
el niño que quería andar descalzo
y que en la siega fuera su natía.
Tu saber es brújula y es abrazo,
tu fuerza es firme amor y es valentía,
tu palabra de todos es regazo.

¡Felicidades, Joaquín!

Joaquín Clau (foto de Mariano Gistaín)

Joaquín Clau (foto de Mariano Gistaín)