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Insomnio

Esquivo sueño que en huir porfía;
descortés invitado de la noche;
ingrato anhelo que marchita el día;
desleal amante; de inquietud, derroche.

Del crepúsculo del ocaso al alba,
desde las sombras del desasosiego,
te llamo y grito que tu ausencia enalba
mis horas negras de tormento ciego.

¿Qué haces lejos de mí, dulce fortuna?
Dime, ¿por qué abandonas mi regazo
y te llevas la calma de la luna?

Vuelve hoy a mí. Mi piel será vereda.
Devuélveme la paz de las estrellas,
envuelve mi descanso con tu seda.

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Mujer de otoño

Con los primeros fríos reverdezco;
se me nota que soy mujer de otoño,
fruto de esta estación, como el madroño.
Cae la noche en la tarde y yo amanezco.

La intensidad del verde, el gris del cielo.
Las aves que ya mudan su plumaje
y se disponen a emprender el viaje
antes de que el sustento se haga hielo.

Ocres, granates, amarillas, rojas,
(“En una decadencia de hermosura,
—dijo el poeta— la vida se desnuda”.)
se marchan las cigüeñas, caen las hojas.

Y en esa desnudez late otra vida.
Cantos del petirrojo trae el viento,
se abre el ciclamen, brota el pensamiento,
silva el zorzal y el escribano anida.

Se me nota en la piel que soy de otoño
como las uvas, como las manzanas,
como las nueces, como las castañas.
En tiempo de las setas, yo retoño.

Se me nota en los sueños, en los versos:
cuando hendía el aire la golondrina
entre membrillos, granadas y endrinas,
yo di en otoño mis primeros besos.

 

Mujerdeotoño

 

Pluma y papel

Bastón y suelo sois de mi memoria,
asideros de sueños y de gloria,
redentores de angustias y desvelos;
retazos de alma en azules riachuelos.

Página blanca, eco del pensamiento,
pluma que desenredas el aliento,
juntas danzáis lo que entona mi seso
y espejo sois de misterios que apreso.

Escucho los rasguños, las caricias
que hace mi corazón en la explanada:
aguijón o pincel, calma o ardicia.

Tinta y papel, en mi carne, ensenada.
Mar, horizonte, abnegada nutricia.
Ríos que traéis historias de la nada.

Pluma y papel blog

Alma a quien todo un dios prisión ha sido…

Hoy he pasado por la plaza de los Sitios y he hecho esta foto. No puedo evitar mirar esta fachada cada vez que paso por delante y preguntarme en qué piso viviría Noelia Duch, la protagonista de “Pétalos de luna”. ¿Desde cuál de esas ventanas arrojó la dedicatoria que arrancó del libro de poemas?

Y me acuerdo de Maribel Verdú. Cuando me llamó entusiasmada después de leer la novela. Me dijo que “Pétalos de luna” le parecía “cinematográfica no, lo siguiente”, me habló, ente otras, de esta escena. Y también se refirió a ella en la presentación de la novela: “esa hoja de un libro que vuela en una noche terrible, unas palabras escritas hace cinco siglos que resucitan para decir una verdad que nadie desea crear con palabras de hoy”.

Os transcribo un trocito de la escena. Lo que ocurrió detrás de una de esas ventanas de la foto la noche del 27 de enero de 2001:

…“Héctor había introducido en el Paraíso, con premeditación y alevosía, la realidad doliente, el mismo infierno. Ya experimentaba mi amiga esa catábasis en su soledad desde hacía un año: el averno de lo incierto, los silencios, las ausencias, la otra vida de él, Inés. Pero no era lo mismo descender al ultramundo desde la tierra que hacerlo desde el mismo Paraíso. La realidad que ambos se habían esforzado en vencer con la fantasía la empujaba ahora al otro lado de la vida.
Le tocaba a Noelia poner fin a esa historia de mentiras, pero Héctor se le había adelantado. Él vencía. Él le presentaba en unos versos el fatal destino al que su amor estaba abocado. Ese destino que ella estaba empeñada en aplazar, en señalarle el lugar y la hora.
Se levantó, abrió los ojos y le enseñó sin pudor sus lágrimas, abrió el pecho y le mostró la herida sangrante, arrancó con furia la hoja en la que estaba escrita la dedicatoria, hizo con ella una pelota y la arrojó con rabia por la ventana.
—¿A esto has venido? ¿No podías habérmelo dicho por teléfono? —le gritó.
Jamás Héctor había imaginado a Noelia de ese modo. Jamás ella había estado así. Sacó toda la ira almacenada durante un año, le estalló el dolor comprimido de tantas horas de ausencia y de mentira.
Como mil caballos desbocados, como un temible volcán de lava ardiente, lava que era la amargura de un año reprimida, castigada sin salir de sus entrañas. Cielo horadado por piedras encendidas, Noelia rugía como un furioso oleaje de horrísonos espumajos. Miraba a Héctor con sus ojos volcánicos, que él nunca había visto en erupción. Ni los estaba viendo porque no se había atrevido a mirarla desde que puso en sus manos aquella desgarradora dedicatoria.
El tormento que mi amiga había estado soportando tantos días, los vientos y las lluvias que había estado conteniendo en su alma durante sus encuentros para que el sol brillara permanentemente en el Paraíso, para que las estrellas estuvieran todas las noches dispuestas de manera perfecta, para que no faltara nunca la luna, rompían ahora todos los diques de su cuerpo y de su alma, y la tormenta más cruel rasgaba el Paraíso en mil jirones. Y temblaba la tierra y un abismo se abría entre los dos amantes.
Poderosas palabras las del poeta que, cuatro siglos después, hacían temblar el Paraíso y frenaban las órbitas de todos los planetas del universo. «Amor constante más allá de la muerte», para decir que su amor ya no tenía tiempo ni lugar en esta vida.”…

 

Razón tirana

Razón que vienes a prender mis sueños,
a decirme que existen imposibles,
que eres tú ama del mundo, no más dueños,
y a imponerme vallados infalibles.

Suéltame ya, razón, que me haces daño.
Tu argumento, tu método y tu orden
son buenos compañeros, pero extraño
fe e imaginación que te desborden.

Quiero que se derrumben tus fronteras,
tu certidumbre a veces insolente
tus motivos, tus verdades austeras.

Quiero verte de pruebas defoliada.
He resuelto creer, crear, alcanzar.
Suéltame ya, razón, o sé mi aliada.

pájaro jaula

“Todo parece imposible hasta que se hace” (Nelson Mandela)

Las conquistas, los logros, las grandes ambiciones, solo tienen valor si contribuyen al bien común. Los gigantes de la historia son hombres de marcado carácter cuyos méritos y triunfos sobrevivirán a su época y a todas las épocas porque su historia es nuestra historia. Gracias, Nelson Mandela.

INVICTUS - William Ernest Henley (Long John Silver)

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

(“Invictus” es el poema que Nelson Mandela se recitaba a sí mismo cuando llegaban los momentos peores a lo largo de su terrible cautiverio en prisiones sudafricanas por su lucha contra el racismo y el apartheid)

El sembrador

El Pueyo, el cielo, el polvo y las semillas.
Azules, verdes, pardos, ocres, blancos.
Campo hoy fértil, ayer fuiste barranco
y en verano serás tierra amarilla.

Danzan los tamarices con el cierzo.
Llega el hombre y esparce la simiente.
El paisaje que fue una vez torrente
se ha hecho tapiz con arte y con esfuerzo.

No niegue al labrador su maestría
aquel que ha de comer para estar vivo
ni quien quiera adquirir sabiduría.

Líder por excelencia en geometría.
Sembrador, concertista de cultivos,
haces de amor y suelo sinfonía.

El vídeo es de Mariano Gistaín, el que está sembrando es Joaquín Clau y la música del vídeo un una jota aragonesa del compositor ruso Mikhail Glinka