Archivo de la categoría: Pétalos de luna

Planeta lanza «Pétalos de luna» en Click Ediciones

El grupo Planeta lanza mi novela «Pétalos de luna» en su nuevo sello digital Click Ediciones. Es una gran noticia porque significa que ya está disponible en todas las plataformas de venta en España, más las principales de Sudamérica y USA. También para bibliotecas digitales y en NUBICO, la plataforma de suscripción del Grupo Planeta.

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«Pétalos de luna» en el Paseo Independencia

Me ha hecho mucha ilusión encontrarme en el Paseo Independencia con un cartel en el que aparecía «Pétalos de Luna» como libro recomendado por Tagus.
Comparto con vosotros un fragmento de la novela en que el que se cita el paseo.

«…Pasearon por Gran Vía, por Independencia. Fueron horas de frío y de calor extremos, de amor y de caricias, de pasión desatada, de sueños, de secretos callados y de miedos. Noelia empezó a sentir miedo a perderle. Le escribió este email al día siguiente, pocas horas después de que él se marchara:
 Aquí estoy amándote, Héctor. Como se ama a la Vida.
Este año que ha comenzado no me he sentido desprotegida ni un solo instante. Nos vemos con más frecuencia que nunca y no dejas que pierda el sabor de tus besos, ni que tus caricias se desprendan de mi piel.
Me siento más tuya, más amada, más feliz. Tanto que tengo miedo. Anoche me hablabas del abismo cuando nos asomábamos al río y hoy miro en cualquier dirección y todo lugar y todo tiempo donde no estés tú conmigo me parecen abismos aterradores. Solo me conforta el recuerdo de tus palabras: «nunca te perderé».
Noelia»

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Pétalos de luna (Nochevieja de 2000)

Se despidieron a las ocho y veinte de la mañana. Él se marchaba a Jaca a pasar la Nochevieja con dos amigos. Habían alquilado un apartamento. Ella celebraría el fin de año con los suyos —entre ellos, yo— en Zaragoza.
—No va a pasar la noche con ella —recuerdo que me dijo cuando me llamó cerca de las tres de la tarde para quedar esa noche. Y supe así que seguía enamorada.

Nos reunimos para cenar una treintena de amigos y nos habían puesto las sillas muy apretadas para aprovechar el sitio, pues había unas cuantas pandillas más en el mismo restaurante. Era difícil moverse de la mesa una vez que habías conseguido tomar asiento, y también lo era saber qué copa era de cada quién y qué cubierto estaba dispuesto para cada cual. Noelia encajó su móvil en el escaso espacio que había entre sus copas y las mías. Todavía no habíamos acabado de acomodarnos todos cuando sonó. En la pantalla leyó un número que no estaba en su agenda. Respondió y se le encendió la cara. ¡Era Héctor! Mientras hablaba se levantó, cruzó el restaurante sorteando la multitud y salió a la calle. La veía cada vez que alguien abría la puerta para entrar o salir, a veces de espaldas, otras de perfil mirando al cielo, siempre sonriendo. Cuando volvió estaba exultante.

—Me ha dicho que no ha dejado de pensar en mí en todo el día y que me está echando mucho de menos —me contaba mientras pelaba las gambas con el cuchillo y el tenedor—. Me ha llamado desde una cabina. ¿Tú sabes si las cabinas tienen un número con prefijo?
—Supongo, no sé.
—Es un 947, ¿sabes de qué provincia es ese prefijo?
—De Huesca, no. Si está en Jaca, es un 974.

El teléfono sonó de nuevo.
—¡El mismo número! —exclamó mientras se levantaba y lo cogía.

Regresó como si las estrellas le hubieran regalado sus destellos en esa noche tan especial. Traía las manos heladas y la cara ardiendo.

—Dice que han acabado de cenar y que, mientras sus amigos preparan las uvas, él ha bajado a la cabina a llamarme otra vez. Quería saber con quién estoy, si lo echo de menos. ¡Ay, Clara, está enamoradísimo de mí! Me dijiste que su novia era de un pueblo de Burgos, ¿no? No me extrañaría nada que estuviese pasando allí la Nochevieja. Igual está en su casa y con su familia y se está dando cuenta por fin de que a quien quiere es a mí.

Héctor volvió a llamarla inmediatamente después de las campanadas. Y después, cada hora, hasta la madrugada, aquel 947 iluminaba la pantalla del móvil de Noelia. A ella no le importaba la mentira sobre el lugar, ¿qué interés tenía ese pequeño detalle salvo para hacerle más evidente que la amaba de veras? Si estaba con su novia y la llamaba a ella a cada rato era porque su corazón no estaba con él. ¿Qué necesidad tenía de engañarla si no era porque la quería, porque prefería su amor, porque había decidido que sería esa su última mentira? Esa ansiedad, esa necesidad de ella que él manifestaba en sus reiteradas llamadas, era para Noelia un signo claro de que la amaba, de que no podía vivir sin ella. La mentira confirmaba que no quería que supiera que estaba con Inés.
Antes de acostarse, Noelia comprobó que, efectivamente, el 947 era el prefijo de Burgos, que el número desde el cual Héctor la llamaba era casi el mismo que el del ayuntamiento del pueblo donde vivía la familia de Inés, solo cambiaba la última cifra, y que era, en efecto, el de una cabina telefónica. Se desmaquilló y se acostó satisfecha, enamorada y feliz.
A las ocho de la tarde de ese mismo día, cuando él la llamó al teléfono de su casa, ella le preguntó si había llovido en Jaca y él no supo qué responder.
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Pétalos del luna

Feliz Navidad y feliz 2014

Este es para mí quizá el momento de mayor felicidad de este 2013. La foto la hizo Fran Navarro durante la presentación de «Pétalos de luna«. Un momento fruto de mucho trabajo, esfuerzo, perseverancia, compromiso, deseos de servir y de ayudar, de compartir, de dar lo mejor de mí. Un momento lleno de gratitud, de satisfacción, de alegría, de risas, de excelente compañía, de ilusión y de sueños.

Cada uno de vosotros sois un motivo de esa felicidad; cada Me gusta y cada comentario vuestro. Gracias. Muchas gracias de todo corazón.

Os deseo Feliz Navidad y un año 2014 lleno de momentos tan emocionantes como el que la memoria me trae al ver esta imagen.

En la presentación de "Pétalos de luna" en Madrid el 30 de abril de 2013.

En la presentación de «Pétalos de luna» en Madrid el 30 de abril de 2013.

Y dijo Maribel Verdú de «Pétalos de luna»:

“Pétalos del luna” me ha fascinado. Estoy segura de que aquí hay una gran película y yo quiero interpretar uno de los dos papeles femeninos: el de Clara o el de Noelia. No me importa cuál, pero uno de los dos.

“Pétalos de luna” devuelve el placer de leer una historia bien tramada, en la que palpita la seducción por el acto de contar y de conocer.

“Pétalos de luna” me parece una novela tan original que no encuentro referencias para compararla. Es un choque de egos; la historia de una pasión desgarradora que evoca la tragedia griega, pero que se desarrolla en nuestros días, con teléfonos móviles, paro, desesperación y este tiempo que a veces parece volar y otras se estanca en una ciénaga de días eternos porque esperas una llamada que nunca llega y entonces la conexión y los datos no sirven de nada.

Tal vez uno de los momentos más bonitos e inolvidables de este año sea la noche en que Maribel Verdú me llamó por teléfono entusiasmada después de leer «Pétalos de luna». «Me ha encantado, no; mucho más que eso. ¡Es maravillosa!» No cabían en el acto de presentación tantas cosas bonitas como me dijo por teléfono; pero que veía la novela convertida en una gran película y que ella quería ser una de las dos mujeres, Clara o Noelia, eso sí lo repitió.

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El soneto de Quevedo es la solución policial, metafísica, al enigma de «Pétalos de luna» (Por Mariano Gistaín)

Pétalos de luna condensa la justicia del amor y el desamor, quizá la justicia del universo, que es inaccesible pero a veces se puede intuir. El que engaña queda atrapado en su mentira, y esto le condena y al mismo tiempo le redime, pues para él su mentira es la única verdad. Vive en ella y vive en el mundo real, donde su mentira provoca un dolor que trasciende la novela.

Noelia consigue ser amada sobre todas las cosas, más allá del tiempo y la cordura.

Ha pagado un precio muy alto, al menos desde la perspectiva de los vivos. Los dos triunfan más allá de la muerte en su fracaso compartido.

Héctor no reconoce su fracaso, sus mentiras y su culpa. El mundo ha de ajustarse a sus designios, que quizá son los de Noelia: ella lo buscó, lo sacó de la nada, lo invoca y le hace vivir doblemente. ¿Quién se hubiese resistido?

Desde ese primer encuentro, cuando ella lo seduce –en la presentación de un libro–, Héctor no es dueño de su vida. Los demás, los pretendientes, con mucho menos motivo (utilizados como cebo, como consuelo, como pasatiempo), aún no se han recuperado. La anhelan, se culpabilizan, la esperan.

Clara, la narradora y amiga íntima de la protagonista, escribe un libro por encargo, la novela contiene un informe. Clara abre una investigación que llegará hasta el final, que es donde todo comienza de nuevo. El final es el principio, el final está en la conciencia de cada lector, que cancela estas vidas o las incorpora a su continuum de ficciones y realidades, a menudo indistinguibles. (A veces veo llegar a Noelia a las citas del parque. La veo salir de la fuente como la dama del lago).

La novela lleva dentro un diario y el diario contiene los emails impresos. Los cuadros de Noelia siguen colgados en las paredes y los libros se abren al azar de los días o se aprietan en sus bits, por las estanterías: el soneto de Quevedo “Amor constante más allá de la muerte” es la solución policial, metafísica, al enigma de Pétalos de luna. El diario de Noelia escribe desde dentro la novela. El diario formatea el presente más allá de la muerte.

Clara, cuya vida ha sido suspendida en ese limbo del paro, en esa invisibilidad de la ausencia de amor, tiene que convivir con la evidencia de que todos los testigos siguen enamorados de su biografiada y amiga: Noelia está más viva que ella, pues los pretendientes la siguen deseando, la añoran, la viven o viven en ella. ¿Cómo acercarse ahora al parque donde Héctor la espera o a esa estación de Delicias que acaso ha sido erigida como un mausoleo que pueda acoger el vestíbulo que propicie su llegada?

Condenados a vivir eternamente sus vidas normales, sus vidas sin ella, los enamorados se resignan a frecuentarla en la misma novela que da testimonio de su marcha irremediable (a veces la veo llegar a las citas del parque).

‘Pétalos de luna’, el misterio de los corazones (Mariano Gistaín)

Pétalos de luna es una novela de acción trepidante: una acción que se desarrolla interiormente en cada uno de los personajes y que es tan poderosa que domina la realidad, la crea. Pétalos de luna pone de manifiesto el extraordinario poder de las emociones: tanto para alcanzar objetivos como para hundirse en abismos insondables si uno se deja arrastrar por ellas.  Noelia Duch deja escrito en su diario que muere de amor y se pregunta si pudo haberlo evitado: ¿El amor o la muerte? Puesto que ella ya no está a tiempo de salvarse, emplea sus últimos suspiros para pedirle por escrito a su mejor amiga que escriba la historia de amor que la ha conducido a este fatal desenlace. Está convencida de que sus errores,  sus decisiones equivocadas, servirán para que otras personas comprendan lo arriesgado que es amar como ella amaba, esperar como ella esperaba. Su amiga, Clara Barrabés, lee la petición diez años después. Los remordimientos que estos diez años han logrado aplacar irrumpen con toda violencia en el alma de Clara.  Noelia Duch deja escrito que muere de amor, pero algunos no la creerán.

 

Pétalos de luna, de María Pilar Clau, es una novela sin trampas: te cuenta todo desde la primera página. Te da el plan de la obra, el índice. Entonces, ¿qué es lo que mantiene el interés? No lo sé. Hay una trama, una intriga, pero desde el principio se sabe el final. Quizá es que la novela contiene un enigma en cada página, como acertijos ocultos en la sustancia de la prosa, en las tensiones invisibles de las palabras, tan importantes en la novela. Pero no se trata de juegos de palabras o de texto poético, embellecido o rebuscado: es algo más misterioso, quizá el mismo hechizo del lenguaje ante una pasión desgarrada. Si la literatura y el arte son las vías para explorar el misterio del alma humana, Pétalos de luna es una obra maestra. No parece que la autora haya querido complacer las modas ni satisfacer las tendencias de los tiempos, sino contar una historia que reclamaba salir y conjurar un peligro que siempre acecha. En ese sentido es un manual de instrucciones que alerta ante el peligro de los sentimientos y las emociones que se desbocan hacia la persona equivocada. Cada palabra actúa sobre el mundo, cada pensamiento crea el mundo, cada emoción conmociona el universo.

Por lo demás la novela refleja muy bien la distopía interior de 2011, donde ya se había decretado la estampida general y el caos reinaba en los corazones.

Mariano Gistaín

Club de lectura del CRA «A Redolada» sobre «Petalos de luna»

Veintiuna lectoras de “Pétalos de luna” asistieron al Club de lectura organizado por profesoras y madres del CRA (Colegio Rural Agrupado) “A Redolada”, al cual pertenecen las escuelas de Peralta de Alcolea, Berbegal, Huerto, Pertusa y Laluenga. Compartimos tres deliciosas horas de conversación, impresiones y reflexiones. Los personajes de la novela nos guiaron por un sugerente recorrido a través de las emociones, los sentimientos, los hechos y las palabras. Hablamos del amor, del paro, del egoísmo, de la amistad, de los remordimientos, de lo fácil que es juzgar a la ligera…

Se refirieron más a la novela con la palabra “intriga” que con el término “romanticismo”. Y dijeron que “Pétalos de luna” les había absorbido de tal modo que, especialmente en la segunda mitad, les resultaba del todo imposible dejarla.

Tal vez las preguntas que se repitieron con más frecuencia fueron las relacionadas con esa línea invisible que separa la realidad de la ficción. ¿Qué es real? ¿Son los gustos de los personajes? ¿Sus preferencias literarias? ¿Son sus sueños? ¿Algún personaje tal vez?

¿Qué podía responder yo, que con mucha frecuencia me pregunto qué es real? No en la novela, sino en la vida. Según la Física cuántica, los electrones que giran en órbitas alrededor de un átomo solo manifiestan y ordenan sus características particulares cuando la conciencia humana posa su atención en ellos.

¿Existe la realidad o la creamos cada uno de nosotros? Comencé a hacerme esta pregunta cuando tenía cinco años. Una década después aquello se convirtió en una terrible obsesión para mí. Cuando caminaba por la calle y me veía reflejada en el escaparate de alguna tienda no venía a mi mente otro pensamiento: ¿existe el mundo o solo existo yo y todo lo demás está en mi imaginación?

Si los demás existen porque yo los imagino, mi existencia se la deberé también a aquellos que ponen su atención en mí. Y ya que se trata de un favor recíproco, ¿por qué no agradecérnoslo más?

Yo agradezco infinitamente al Club de lectura del CRA “A redolada” que pensaran en mí, que leyeran mi novela y que me invitaran a participar en ese delicioso encuentro. Y también a cada una de las mujeres que asistieron, que me escucharon, que me miraron, que me crearon para compartir conmigo una tarde feliz.

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Consiguieron emocionarme muchas veces

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Isabel me leyó un precioso poema que compuso a partir de una frase de la novela "Agua y cielo"

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Luis Alegre recomienda «Pétalos de luna» en Aragón Televisión

Luis Alegre ha recomendado esta mañana «Pétalos de luna» en el programa Buenos días Aragón, de Aragón Televisión.

«Una novela apasionante llena de intriga e indagación sobre el misterio amoroso. Es una novela de amores complicados. Muy absorbente. Con una protagonista arrebatadora, Noelia Duch, por la que todos los hombres pierden la cabeza, y ella se enamora del hombre equivocado. Es una novela apasionante e hipnótica que desvela el gran talento literario de María Pilar Clau».