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Mapi Rivera, Yolanda Tabanera y Esther Pizarro, tres maestras de Comunicación a través del Arte

“No conoce el discurso de la Verdad sino quien lo escucha por medio de la Verdad…” Muhyiddin Ibn’ Arabí

Mapi Rivera, Yolanda Tabanera y Esther Pizarro participaron recientemente en el encuentro “Tres artistas frente a su obra”, organizado por la Obra Social de Ibercaja en el marco de la exposición “El eterno femenino”. Cada una de ellas habló de su particular proceso creativo y, en esa acción de contar algo tan íntimo, tan desacostumbrado para los no artistas y tan escasamente material, revelaron que su trabajo es, fundamentalmente, comunicar el resultado de otro acto de comunicación entre lo material y lo espiritual o lo filosófico. Transmitir, plasmar, es solo el último paso de la experiencia artística; el primero es escuchar, buscar, conocer.

Mapi Rivera desveló que su gran fuente de inspiración es la poesía mística, “que tiene la capacidad de comunicar directamente con una realidad sagrada”.  Las lecturas de Ibn’ Arabí inspiraron su obra «Mares sin orillas», que se muestra en Patio de la Infanta. “Las iluminaciones de los místicos son como mares sin orillas, pero la orilla es el referente, donde plasmas tu experiencia”, explicó Rivera, y añadió: “cuando comunicas con algo que te sobrepasa tienes la necesidad de plasmarlo en la pintura, en la escritura…”

Yolanda Tabanera utiliza la práctica artística “como una oración, una especie de vibrar  profundo”. Le gusta escuchar al material artístico, del que afirma que tiene un sentido mágico y espiritual capaz de trasladarla a otros lugares. Dice Yolanda que el arte debe indagar en las cuestiones internas de la humanidad, en lo profundamente humano y considera que ofrece la posibilidad de enriquecer esta realidad. «Peso precioso» es la obra que exhibe en Patio de la Infanta.

También el trabajo artístico de Esther Pizarro tiene como punto de partida la existencia humana. Las referencias filosóficas son clave en su proceso creativo y necesita leer mucho para crear. Cuenta que “el artista filtra la realidad a través de la mirada, ese es el centro del proceso creativo”. Observa puntos de energía que comunican a unos seres con otros y traza mapas invisibles de esos puntos y de las vías de comunicación entre ellos. Esos mapas pueden verse en la obra que Esther expone en “El eterno femenino”, «Doble identidad”.

El Arte y la Comunicación no se limitan a lo que nuestro cuerpo físico percibe por los cinco sentidos. Somos algo más que un cuerpo físico. Salir de los límites que impone lo material, transcenderlos hacia lo superior o hacia el interior, no solo nos hará más libres, sino que nos descubrirá la verdad.

Las artes, el silencio, la meditación, la oración son necesarias para mejorar nuestra capacidad de escuchar, de conocer, de abarcar y, por supuesto, de transmitir.

El psicólogo Abraham Maslow afirma en su obra “La personalidad creadora” que «la educación a través del Arte puede ser especialmente importante no tanto para producir artistas u objetos de Arte sino más bien para obtener personas mejores». Si educamos la Comunicación con materia artística, si introducimos en ella la inspiración, el espíritu y la belleza del Arte, la Comunicación se hará más pura, más sincera y, en consecuencia, más eficaz.

Yolanda Tabanera, Esther Pizarro y Mapi Rivera en Patio de la Infanta. Foto de Luis Correas.

Yolanda Tabanera, Esther Pizarro y Mapi Rivera en Patio de la Infanta. Foto de Luis Correas.

La Comunicación a escena

El Teatro contribuye poderosamente al crecimiento individual. Fomenta el respeto y la consideración hacia el trabajo de los demás; desarrolla la creatividad, la imaginación y la espontaneidad, la observación, la sensibilidad y la tolerancia, la empatía, el pensamiento divergente y la conciencia crítica.

Ser actor de teatro, pero también ser espectador, es un ejercicio de observación, de escucha, de respeto y de cooperación. Y si es esta una práctica muy recomendable para cualquier persona, lo es especialmente para quienes nos dedicamos a la Comunicación. Pese a que todas esas habilidades se nos presuponen, puesto que forman parte de la esencia de nuestro trabajo; por desgracia, no están demasiado extendidas y muchos confunden comunicar con informar, con defender, con vender… Y comunicar es mucho más: es conversar.

“Los hijos de Kennedy”, la obra que puede verse hasta el domingo en el Teatro Principal de Zaragoza, pone de manifiesto especialmente la función comunicadora del teatro. La obra que dirige Jose María Pou no es solo una exhibición del talento de cinco actores extraordinarios: Maribel Verdú, Ariadna Gil, Emma Suárez, Fernando Cayo y Álex Garcia; es también un reto para el espectador: el reto de escuchar a cinco personajes que uno a uno se dirigen a él y le cuentan su vida. Cinco vidas distintas; historias afectivas, historias de sueños y de decepciones.

El espectador tiene la posibilidad de ejercerse en empatizar con cada personaje. Comprender sus palabras pero también los sentimientos que las empujan y los que empujaron las acciones que se narran. El espectador tiene la oportunidad de inventar un vínculo entre ellas, de crear una sola historia con todas las que está escuchando, y de sentirse parte de esa conversación, de ese acto de comunicación artística que comienza en el momento en que se apagan las luces de la sala.

El Teatro posee una carga intelectual y afectiva importante, pero también la tiene la Comunicación, la buena comunicación. Cualquier forma Arte es una manera de comunicar y los comunicadores profesionales podemos aprender mucho de cada una de ellas. Del teatro, todo.

Emma Suarez, Fernando Cayo, Maribel Verdú, Álex Garcia y Ariadna Gil en el Teatro Principal de Zaragoza

Emma Suarez, Fernando Cayo, Maribel Verdú, Álex Garcia y Ariadna Gil en el Teatro Principal de Zaragoza