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«Pétalos de luna» en Huesca

Hablar de “Pétalos de luna” es siempre emocionante. Me recuerda una de las cosas mejores que he hecho; me recuerda mi esencia, lo que soy y lo que deseo ser. Me recuerda que merece la pena el esfuerzo, la perseverancia… Y me recuerda algo que considero fundamental: que debemos amarnos a nosotros mismos y a los otros (cosa que no hacen casi ninguno de los personajes de la novela). Solo amándonos a nosotros mismos podemos llegar a conocernos, a saber qué es lo mejor que tenemos y a ponerlo al servicio de los otros. Y solo amándonos a nosotros mismos podremos amar así, de la misma manera, a los demás. Este es, además del segundo mandamiento (que no dice que hay que amar al prójimo «más» que a ti mismo, sino «como» a ti mismo), la clave para ser felices (cuando uno se ama a sí mismo es más humilde; si le alaban, su ego no crece, y, si le critican, tiene la capacidad de recibir la crítica con gratitud, aunque sea agria).

Gracias a Javi Vázquez por invitarme a su programa ‘Escúchate, de Aragón Radio, donde, además, tuve la suerte de disfrutar de una magnífica tarde en Huesca, mi ciudad natal, y de estar en compañía de cuatro personas a las que admiro mucho: Juanjo Javierre, Orencio Boix, Esteban Navarro y Chema Aniés.

Más tarde, asistí a la presentación del libro de Javi Vázquez, “Cuatro cuentos rusos”, de Ediciones Nalvay, en la Librería Anónima, uno de los grandes tesoros de la ciudad. Fue un placer rencontrarme, después de bastante tiempo, con Carlos Garcés, Miriam Martínez, Sara Ciria y con Cristina Pérez.

La foto la hizo Mariano Gistaín y también grabó el vídeo y me ha animado a publicarlo. Gracias, Amor.

Chema Aniés, Esteban Navarro, María Pilar Clau, Javi Vázquez, Juanjo Javierre y Orencio Boix en el Café del Arte.

Chema Aniés, Esteban Navarro, María Pilar Clau, Javi Vázquez, Juanjo Javierre y Orencio Boix en el Café del Arte.

Con Javi Vázquez en la Librería Anónima

Con Javi Vázquez en la Librería Anónima

Alma a quien todo un dios prisión ha sido…

Hoy he pasado por la plaza de los Sitios y he hecho esta foto. No puedo evitar mirar esta fachada cada vez que paso por delante y preguntarme en qué piso viviría Noelia Duch, la protagonista de “Pétalos de luna”. ¿Desde cuál de esas ventanas arrojó la dedicatoria que arrancó del libro de poemas?

Y me acuerdo de Maribel Verdú. Cuando me llamó entusiasmada después de leer la novela. Me dijo que “Pétalos de luna” le parecía “cinematográfica no, lo siguiente”, me habló, ente otras, de esta escena. Y también se refirió a ella en la presentación de la novela: “esa hoja de un libro que vuela en una noche terrible, unas palabras escritas hace cinco siglos que resucitan para decir una verdad que nadie desea crear con palabras de hoy”.

Os transcribo un trocito de la escena. Lo que ocurrió detrás de una de esas ventanas de la foto la noche del 27 de enero de 2001:

…“Héctor había introducido en el Paraíso, con premeditación y alevosía, la realidad doliente, el mismo infierno. Ya experimentaba mi amiga esa catábasis en su soledad desde hacía un año: el averno de lo incierto, los silencios, las ausencias, la otra vida de él, Inés. Pero no era lo mismo descender al ultramundo desde la tierra que hacerlo desde el mismo Paraíso. La realidad que ambos se habían esforzado en vencer con la fantasía la empujaba ahora al otro lado de la vida.
Le tocaba a Noelia poner fin a esa historia de mentiras, pero Héctor se le había adelantado. Él vencía. Él le presentaba en unos versos el fatal destino al que su amor estaba abocado. Ese destino que ella estaba empeñada en aplazar, en señalarle el lugar y la hora.
Se levantó, abrió los ojos y le enseñó sin pudor sus lágrimas, abrió el pecho y le mostró la herida sangrante, arrancó con furia la hoja en la que estaba escrita la dedicatoria, hizo con ella una pelota y la arrojó con rabia por la ventana.
—¿A esto has venido? ¿No podías habérmelo dicho por teléfono? —le gritó.
Jamás Héctor había imaginado a Noelia de ese modo. Jamás ella había estado así. Sacó toda la ira almacenada durante un año, le estalló el dolor comprimido de tantas horas de ausencia y de mentira.
Como mil caballos desbocados, como un temible volcán de lava ardiente, lava que era la amargura de un año reprimida, castigada sin salir de sus entrañas. Cielo horadado por piedras encendidas, Noelia rugía como un furioso oleaje de horrísonos espumajos. Miraba a Héctor con sus ojos volcánicos, que él nunca había visto en erupción. Ni los estaba viendo porque no se había atrevido a mirarla desde que puso en sus manos aquella desgarradora dedicatoria.
El tormento que mi amiga había estado soportando tantos días, los vientos y las lluvias que había estado conteniendo en su alma durante sus encuentros para que el sol brillara permanentemente en el Paraíso, para que las estrellas estuvieran todas las noches dispuestas de manera perfecta, para que no faltara nunca la luna, rompían ahora todos los diques de su cuerpo y de su alma, y la tormenta más cruel rasgaba el Paraíso en mil jirones. Y temblaba la tierra y un abismo se abría entre los dos amantes.
Poderosas palabras las del poeta que, cuatro siglos después, hacían temblar el Paraíso y frenaban las órbitas de todos los planetas del universo. «Amor constante más allá de la muerte», para decir que su amor ya no tenía tiempo ni lugar en esta vida.»…

 

«#PétalosDeLuna aclamado por el público con una de las mejores valoraciones de la temporada»

Planeta lanza «Pétalos de luna» en Click Ediciones

El grupo Planeta lanza mi novela «Pétalos de luna» en su nuevo sello digital Click Ediciones. Es una gran noticia porque significa que ya está disponible en todas las plataformas de venta en España, más las principales de Sudamérica y USA. También para bibliotecas digitales y en NUBICO, la plataforma de suscripción del Grupo Planeta.

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«Pétalos de luna» en el Paseo Independencia

Me ha hecho mucha ilusión encontrarme en el Paseo Independencia con un cartel en el que aparecía «Pétalos de Luna» como libro recomendado por Tagus.
Comparto con vosotros un fragmento de la novela en que el que se cita el paseo.

«…Pasearon por Gran Vía, por Independencia. Fueron horas de frío y de calor extremos, de amor y de caricias, de pasión desatada, de sueños, de secretos callados y de miedos. Noelia empezó a sentir miedo a perderle. Le escribió este email al día siguiente, pocas horas después de que él se marchara:
 Aquí estoy amándote, Héctor. Como se ama a la Vida.
Este año que ha comenzado no me he sentido desprotegida ni un solo instante. Nos vemos con más frecuencia que nunca y no dejas que pierda el sabor de tus besos, ni que tus caricias se desprendan de mi piel.
Me siento más tuya, más amada, más feliz. Tanto que tengo miedo. Anoche me hablabas del abismo cuando nos asomábamos al río y hoy miro en cualquier dirección y todo lugar y todo tiempo donde no estés tú conmigo me parecen abismos aterradores. Solo me conforta el recuerdo de tus palabras: «nunca te perderé».
Noelia»

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Pétalos de luna (Nochevieja de 2000)

Se despidieron a las ocho y veinte de la mañana. Él se marchaba a Jaca a pasar la Nochevieja con dos amigos. Habían alquilado un apartamento. Ella celebraría el fin de año con los suyos —entre ellos, yo— en Zaragoza.
—No va a pasar la noche con ella —recuerdo que me dijo cuando me llamó cerca de las tres de la tarde para quedar esa noche. Y supe así que seguía enamorada.

Nos reunimos para cenar una treintena de amigos y nos habían puesto las sillas muy apretadas para aprovechar el sitio, pues había unas cuantas pandillas más en el mismo restaurante. Era difícil moverse de la mesa una vez que habías conseguido tomar asiento, y también lo era saber qué copa era de cada quién y qué cubierto estaba dispuesto para cada cual. Noelia encajó su móvil en el escaso espacio que había entre sus copas y las mías. Todavía no habíamos acabado de acomodarnos todos cuando sonó. En la pantalla leyó un número que no estaba en su agenda. Respondió y se le encendió la cara. ¡Era Héctor! Mientras hablaba se levantó, cruzó el restaurante sorteando la multitud y salió a la calle. La veía cada vez que alguien abría la puerta para entrar o salir, a veces de espaldas, otras de perfil mirando al cielo, siempre sonriendo. Cuando volvió estaba exultante.

—Me ha dicho que no ha dejado de pensar en mí en todo el día y que me está echando mucho de menos —me contaba mientras pelaba las gambas con el cuchillo y el tenedor—. Me ha llamado desde una cabina. ¿Tú sabes si las cabinas tienen un número con prefijo?
—Supongo, no sé.
—Es un 947, ¿sabes de qué provincia es ese prefijo?
—De Huesca, no. Si está en Jaca, es un 974.

El teléfono sonó de nuevo.
—¡El mismo número! —exclamó mientras se levantaba y lo cogía.

Regresó como si las estrellas le hubieran regalado sus destellos en esa noche tan especial. Traía las manos heladas y la cara ardiendo.

—Dice que han acabado de cenar y que, mientras sus amigos preparan las uvas, él ha bajado a la cabina a llamarme otra vez. Quería saber con quién estoy, si lo echo de menos. ¡Ay, Clara, está enamoradísimo de mí! Me dijiste que su novia era de un pueblo de Burgos, ¿no? No me extrañaría nada que estuviese pasando allí la Nochevieja. Igual está en su casa y con su familia y se está dando cuenta por fin de que a quien quiere es a mí.

Héctor volvió a llamarla inmediatamente después de las campanadas. Y después, cada hora, hasta la madrugada, aquel 947 iluminaba la pantalla del móvil de Noelia. A ella no le importaba la mentira sobre el lugar, ¿qué interés tenía ese pequeño detalle salvo para hacerle más evidente que la amaba de veras? Si estaba con su novia y la llamaba a ella a cada rato era porque su corazón no estaba con él. ¿Qué necesidad tenía de engañarla si no era porque la quería, porque prefería su amor, porque había decidido que sería esa su última mentira? Esa ansiedad, esa necesidad de ella que él manifestaba en sus reiteradas llamadas, era para Noelia un signo claro de que la amaba, de que no podía vivir sin ella. La mentira confirmaba que no quería que supiera que estaba con Inés.
Antes de acostarse, Noelia comprobó que, efectivamente, el 947 era el prefijo de Burgos, que el número desde el cual Héctor la llamaba era casi el mismo que el del ayuntamiento del pueblo donde vivía la familia de Inés, solo cambiaba la última cifra, y que era, en efecto, el de una cabina telefónica. Se desmaquilló y se acostó satisfecha, enamorada y feliz.
A las ocho de la tarde de ese mismo día, cuando él la llamó al teléfono de su casa, ella le preguntó si había llovido en Jaca y él no supo qué responder.
Pétalos de luna«)

Pétalos del luna

Feliz Navidad y feliz 2014

Este es para mí quizá el momento de mayor felicidad de este 2013. La foto la hizo Fran Navarro durante la presentación de «Pétalos de luna«. Un momento fruto de mucho trabajo, esfuerzo, perseverancia, compromiso, deseos de servir y de ayudar, de compartir, de dar lo mejor de mí. Un momento lleno de gratitud, de satisfacción, de alegría, de risas, de excelente compañía, de ilusión y de sueños.

Cada uno de vosotros sois un motivo de esa felicidad; cada Me gusta y cada comentario vuestro. Gracias. Muchas gracias de todo corazón.

Os deseo Feliz Navidad y un año 2014 lleno de momentos tan emocionantes como el que la memoria me trae al ver esta imagen.

En la presentación de "Pétalos de luna" en Madrid el 30 de abril de 2013.

En la presentación de «Pétalos de luna» en Madrid el 30 de abril de 2013.

‘Pétalos de luna’, el misterio de los corazones (Mariano Gistaín)

Pétalos de luna es una novela de acción trepidante: una acción que se desarrolla interiormente en cada uno de los personajes y que es tan poderosa que domina la realidad, la crea. Pétalos de luna pone de manifiesto el extraordinario poder de las emociones: tanto para alcanzar objetivos como para hundirse en abismos insondables si uno se deja arrastrar por ellas.  Noelia Duch deja escrito en su diario que muere de amor y se pregunta si pudo haberlo evitado: ¿El amor o la muerte? Puesto que ella ya no está a tiempo de salvarse, emplea sus últimos suspiros para pedirle por escrito a su mejor amiga que escriba la historia de amor que la ha conducido a este fatal desenlace. Está convencida de que sus errores,  sus decisiones equivocadas, servirán para que otras personas comprendan lo arriesgado que es amar como ella amaba, esperar como ella esperaba. Su amiga, Clara Barrabés, lee la petición diez años después. Los remordimientos que estos diez años han logrado aplacar irrumpen con toda violencia en el alma de Clara.  Noelia Duch deja escrito que muere de amor, pero algunos no la creerán.

 

Pétalos de luna, de María Pilar Clau, es una novela sin trampas: te cuenta todo desde la primera página. Te da el plan de la obra, el índice. Entonces, ¿qué es lo que mantiene el interés? No lo sé. Hay una trama, una intriga, pero desde el principio se sabe el final. Quizá es que la novela contiene un enigma en cada página, como acertijos ocultos en la sustancia de la prosa, en las tensiones invisibles de las palabras, tan importantes en la novela. Pero no se trata de juegos de palabras o de texto poético, embellecido o rebuscado: es algo más misterioso, quizá el mismo hechizo del lenguaje ante una pasión desgarrada. Si la literatura y el arte son las vías para explorar el misterio del alma humana, Pétalos de luna es una obra maestra. No parece que la autora haya querido complacer las modas ni satisfacer las tendencias de los tiempos, sino contar una historia que reclamaba salir y conjurar un peligro que siempre acecha. En ese sentido es un manual de instrucciones que alerta ante el peligro de los sentimientos y las emociones que se desbocan hacia la persona equivocada. Cada palabra actúa sobre el mundo, cada pensamiento crea el mundo, cada emoción conmociona el universo.

Por lo demás la novela refleja muy bien la distopía interior de 2011, donde ya se había decretado la estampida general y el caos reinaba en los corazones.

Mariano Gistaín