Archivo del Autor: mariapilarclau

Una tarde en el parque de Huesca

El parque de Huesca es un espacio mágico donde suceden cosas extraordinarias. En raras ocasiones he salido de él sin una anécdota que contar (o que callar). Y pese a las numerosas y variadas veces que lo he recorrido, siempre que vuelvo a él se me antoja que es la primera. Tan es así que no recuerdo dónde se esconde cada rincón y siempre tengo que andar buscándolos: allí, el paseo de las pajaritas; allá, la rosaleda; ¿y el lago de los cisnes? ¿no estaba por aquí?

Los árboles del parque de Huesca guardan algunos de mis secretos íntimos; imágenes y palabras, ecos, canciones, románticos paseos, lecturas al atardecer, mojitos en una feria de las naciones, alguna rueda de prensa, confesiones, risas, amistad, amor. Entre sus viejos troncos, la felicidad adquiere una dimensión distinta, infinita.

A pesar de que el viento hacía la tarde bastante desapacible, estaba segura de que en el parque encontraríamos una tregua y podría cumplir con mi agenda del sábado: jugar, jugar, jugar, jugar… Deber este que solo puede tener un complemento que lo mejore: ¡con mi sobrino Pablo! Bien pertrechados para hacer frente al ventarrón, Mariano, Pablo y yo conseguimos llegar a nuestro destino entre bromas y juegos. Nada más pasar el arco de entrada, el ciclón se hizo céfiro y las horas comenzaron a transcurrir a un ritmo distinto: columpios, escondites, carreras, palos, piedras, agua, patos, ocas y dos preciosos cisnes negros de pico rojo con los que Pablo quedó fascinado. Una tarde inolvidable.

Parque de Huesca Ocas Pablo y Pilar

Parque de Huesca estaque 2

Se hace camino al andar

En mis paseos casi diarios me gusta observar las distintas vías de comunicación que se cruzan unas con otras o discurren paralelas: carreteras, paseos, caminos, sendas, puentes, escaleras (unas con barandilla y otras sin ella), el río, el canal, el cielo… Hay días en los que apenas me encuentro con nadie: algunos coches, algún avión, alguna bicicleta… Y hay otros en las que se me antoja que todos nos hemos puesto de acuerdo para salir a la misma hora y, por esas vías que otros días están vacías, circulan aviones, coches, autobuses escolares, bicis, patines…, excepto barcos. Barcos, ninguno. Ni por el río, ni por el canal. Entre los que vamos a pie, estamos los que caminamos deprisa, los que pasean despacio, los que van en bici, los que patinan, los que corren, los que se sientan en los bancos a beberse esos deliciosos rallos de sol de invierno… Algunos salen a pasear con paraguas (por si acaso) aunque solo se vea una nube allá a lo lejos, en el horizonte. Los hay que van tapados hasta las cejas y los hay que salen en manga corta. Unos van disfrutando del paseo y otros van pensando en la de cosas que tienen que hacer después, pero claro, ¿y la tensión? ¿y el colesterol? Lo primero es lo primero. Algunos van a pasear a los perros (uno, dos o incluso tres). ¿Se acuerdan de cuando les contaba que no podía adentrarme sola en los parques porque me daban miedo los perros? Algunos chicos se paran entre los árboles a hacer slackline. Una señora se detiene admirada ante un joven que hace equilibrios sobre la goma. Después de observarlo un rato, le dice: “¡No estás poco mejor aquí que en el ordenador!” El slackline, los bancos, los miradores, una fotografía o los besos (para los enamorados), son algunas excusas para detenerse. Algunas personas caminan en grupos o en pareja, y otros, solos. Unos saludan y otros, por el contrario, miran hacia el suelo o fijan la vista al frente cuando se cruzan con otros.

Es la vida. Para unos el sosiego de la vida, la pausa, el entreacto, el respiro. Para otros, el entrenamiento, los deberes del médico, o de uno mismo. Y luego están los que no han salido porque es invierno y hace frío. O porque tenían que trabajar (dichosos ellos en estos tiempos de crisis y paro).

A veces me da pereza salir y siempre encuentro distintas razones para no hacerlo; sin embargo, cuando las he desterrado todas me siento satisfecha. Será que, como dijo Alejandra Vallejo Nájera hace pocos días en Zaragoza, la satisfacción de la conquista existe, y nos motivamos con nuestros propios logros.

En cada paseo aprendo alguna cosa, y gracias a esas citas con la naturaleza y con los otros paseantes con quienes no hablo, he aprendido que, en ocasiones, los impulsos son más acertados que las decisiones (estas últimas seguramente me impedirían pasear gran parte de los días), que venciendo la pereza y el miedo se llega mucho más lejos, que si cambiamos las viejas rutas por otras nuevas descubrimos nuevas vistas, que un mismo camino se puede recorrer en sentidos distintos y si cambiamos el sentido descubrimos otro punto de vista.

He aprendido que puentear no tiene por qué ser siembre una falta de respeto, sino que es una necesidad cuando lo que pretende es saltar un obstáculo que te impide descubrir algo tan luminoso como la verdad. Y que para evitar ser puenteado es preciso ser transparente y noble, y saber alimentar esa verdad.

Cruces de caminos árboles web

Río puente paseantes web

Río luz paseo web «La verdad es lo que es
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés»
(Antonio Machado)

Las fotos son de Mariano Gistaín.

Fiestas de Laluenga

Queridos amigos:
Esta noche comienzan las fiestas de invierno de mi queridísimo pueblo, Laluenga. Me parece una buena excusa para compartir con vosotros un vídeo de otras fiestas, las del pasado verano, y de paso, y de un modo muy aragonés, os presento a toda mi familia.

«Pétalos de luna» en el Paseo Independencia

Me ha hecho mucha ilusión encontrarme en el Paseo Independencia con un cartel en el que aparecía «Pétalos de Luna» como libro recomendado por Tagus.
Comparto con vosotros un fragmento de la novela en que el que se cita el paseo.

«…Pasearon por Gran Vía, por Independencia. Fueron horas de frío y de calor extremos, de amor y de caricias, de pasión desatada, de sueños, de secretos callados y de miedos. Noelia empezó a sentir miedo a perderle. Le escribió este email al día siguiente, pocas horas después de que él se marchara:
 Aquí estoy amándote, Héctor. Como se ama a la Vida.
Este año que ha comenzado no me he sentido desprotegida ni un solo instante. Nos vemos con más frecuencia que nunca y no dejas que pierda el sabor de tus besos, ni que tus caricias se desprendan de mi piel.
Me siento más tuya, más amada, más feliz. Tanto que tengo miedo. Anoche me hablabas del abismo cuando nos asomábamos al río y hoy miro en cualquier dirección y todo lugar y todo tiempo donde no estés tú conmigo me parecen abismos aterradores. Solo me conforta el recuerdo de tus palabras: «nunca te perderé».
Noelia»

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«Dad y se os dará»

Por aquella sierra gris de silicio y romero, la de la Carrodilla, vendrán hoy los Reyes Magos. Recorrerán todos los pueblos y se detendrán en cada casa. En mi ventana encontrarán, junto a mis zapatos, la carta que les he escrito esta mañana. En cuatro folios les doy las gracias por las muchas cosas buenas que me trajeron el año pasado, entre ellas, vosotros. Gracias por estar aquí, por leer lo que escribo, por poner Me gusta, por escribir comentarios. Gracias por ese cariño vuestro que yo recibo.
Y después de agradecer, les he pedido cosas para este año. A los Reyes Magos se les pide cosas y a mí, que soy de mucho pedir, me encantan los Reyes Magos.

He acabado de escribir la carta y he recibido otra con una petición para mí:

«Por favor, consigue que al menos una de tus amistades apadrine un niño o niña«.

Y continuaba con una frase de Vicente Ferrer: «Para erradicar la pobreza se necesitan muchas manos».

Y como estoy segura de que erradicar la pobreza es un deseo de todos, también lo estoy de que algún amigo o amiga de cuantos pasáis por aquí desearéis colaborar.

https://www.fundacionvicenteferrer.org/somoslallave/apadrina-ahora.php

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Pétalos de luna (Nochevieja de 2000)

Se despidieron a las ocho y veinte de la mañana. Él se marchaba a Jaca a pasar la Nochevieja con dos amigos. Habían alquilado un apartamento. Ella celebraría el fin de año con los suyos —entre ellos, yo— en Zaragoza.
—No va a pasar la noche con ella —recuerdo que me dijo cuando me llamó cerca de las tres de la tarde para quedar esa noche. Y supe así que seguía enamorada.

Nos reunimos para cenar una treintena de amigos y nos habían puesto las sillas muy apretadas para aprovechar el sitio, pues había unas cuantas pandillas más en el mismo restaurante. Era difícil moverse de la mesa una vez que habías conseguido tomar asiento, y también lo era saber qué copa era de cada quién y qué cubierto estaba dispuesto para cada cual. Noelia encajó su móvil en el escaso espacio que había entre sus copas y las mías. Todavía no habíamos acabado de acomodarnos todos cuando sonó. En la pantalla leyó un número que no estaba en su agenda. Respondió y se le encendió la cara. ¡Era Héctor! Mientras hablaba se levantó, cruzó el restaurante sorteando la multitud y salió a la calle. La veía cada vez que alguien abría la puerta para entrar o salir, a veces de espaldas, otras de perfil mirando al cielo, siempre sonriendo. Cuando volvió estaba exultante.

—Me ha dicho que no ha dejado de pensar en mí en todo el día y que me está echando mucho de menos —me contaba mientras pelaba las gambas con el cuchillo y el tenedor—. Me ha llamado desde una cabina. ¿Tú sabes si las cabinas tienen un número con prefijo?
—Supongo, no sé.
—Es un 947, ¿sabes de qué provincia es ese prefijo?
—De Huesca, no. Si está en Jaca, es un 974.

El teléfono sonó de nuevo.
—¡El mismo número! —exclamó mientras se levantaba y lo cogía.

Regresó como si las estrellas le hubieran regalado sus destellos en esa noche tan especial. Traía las manos heladas y la cara ardiendo.

—Dice que han acabado de cenar y que, mientras sus amigos preparan las uvas, él ha bajado a la cabina a llamarme otra vez. Quería saber con quién estoy, si lo echo de menos. ¡Ay, Clara, está enamoradísimo de mí! Me dijiste que su novia era de un pueblo de Burgos, ¿no? No me extrañaría nada que estuviese pasando allí la Nochevieja. Igual está en su casa y con su familia y se está dando cuenta por fin de que a quien quiere es a mí.

Héctor volvió a llamarla inmediatamente después de las campanadas. Y después, cada hora, hasta la madrugada, aquel 947 iluminaba la pantalla del móvil de Noelia. A ella no le importaba la mentira sobre el lugar, ¿qué interés tenía ese pequeño detalle salvo para hacerle más evidente que la amaba de veras? Si estaba con su novia y la llamaba a ella a cada rato era porque su corazón no estaba con él. ¿Qué necesidad tenía de engañarla si no era porque la quería, porque prefería su amor, porque había decidido que sería esa su última mentira? Esa ansiedad, esa necesidad de ella que él manifestaba en sus reiteradas llamadas, era para Noelia un signo claro de que la amaba, de que no podía vivir sin ella. La mentira confirmaba que no quería que supiera que estaba con Inés.
Antes de acostarse, Noelia comprobó que, efectivamente, el 947 era el prefijo de Burgos, que el número desde el cual Héctor la llamaba era casi el mismo que el del ayuntamiento del pueblo donde vivía la familia de Inés, solo cambiaba la última cifra, y que era, en efecto, el de una cabina telefónica. Se desmaquilló y se acostó satisfecha, enamorada y feliz.
A las ocho de la tarde de ese mismo día, cuando él la llamó al teléfono de su casa, ella le preguntó si había llovido en Jaca y él no supo qué responder.
Pétalos de luna«)

Pétalos del luna

Feliz Navidad y feliz 2014

Este es para mí quizá el momento de mayor felicidad de este 2013. La foto la hizo Fran Navarro durante la presentación de «Pétalos de luna«. Un momento fruto de mucho trabajo, esfuerzo, perseverancia, compromiso, deseos de servir y de ayudar, de compartir, de dar lo mejor de mí. Un momento lleno de gratitud, de satisfacción, de alegría, de risas, de excelente compañía, de ilusión y de sueños.

Cada uno de vosotros sois un motivo de esa felicidad; cada Me gusta y cada comentario vuestro. Gracias. Muchas gracias de todo corazón.

Os deseo Feliz Navidad y un año 2014 lleno de momentos tan emocionantes como el que la memoria me trae al ver esta imagen.

En la presentación de "Pétalos de luna" en Madrid el 30 de abril de 2013.

En la presentación de «Pétalos de luna» en Madrid el 30 de abril de 2013.

Cooperar para hacer frente a la deshumanización

El paro es un monstruo de muchas cabezas: la del miedo, la de la pobreza, la de la desesperanza, la de la tristeza, la del dolor, la del abandono, la de la soledad… A cada uno se le van presentando unas y otras en sucesivas fases, cada cual más horrenda que la anterior. Quienes nunca han tenido esta experiencia son, en su mayoría, incapaces de comprender. Los hay que siguen pensando que quien quiere trabajar trabaja. ¡Ay, qué poco conocen estos tiempos! ¡Y qué poco saben de humanidad! Y los hay que experimentan una suerte de regocijo al ver a los que han caído porque, al mirar al compañero parado se sienten “superiores”: ellos son mejores, no los han despedido, incluso quizá les hayan dado algún cargo mejor.  Sin embargo, nadie es superior a nadie excepto por la bondad. Y la bondad está lejos de quien no es capaz de comprender el dolor del otro e intentar ponerle remedio.

En estos días no puedo evitar acordarme de las palabras de un político en un acto de la Navidad de 2010. “Lo peor ha pasado ya -dijo muy ufano-. La crisis ha terminado y este año recuperaremos la bonanza económica”. ¿Qué les parece? Un lince, ¿no?

En verano de 2011 me quedé en paro y padecí los duros embates de la ausencia: ausencia de horarios, de obligaciones laborales, de compañeros, de llamadas… Advertí con horror que ni mis conocimientos ni mi experiencia eran necesarios para nadie. Como me decía esta semana mi compañera y amiga Elena, cualquier ventaja de este talante, lejos de abrir puertas, las cierra, puesto que muchos de quienes todavía conservan sus puestos nos miran a los “freelances”, “autónomos”, “emprendedores”… (llámese como se quiera) como una amenaza y, según Elena, nuestra preparación y nuestras habilidades sociales son inversamente proporcionales a las posibilidades que tenemos de que cuenten con nosotros. A más torpes, más posibilidades.

En 2011 llamé a muchas puertas. A dos de ellas con más ímpetu. Una rechazó de plano mi propuesta después de dos meses de haberme hecho albergar esperanzas; la otra la aceptó y sigo trabajando con ella. La admiro, la respeto y me siento inmensamente privilegiada por trabajar para ella. En cuanto a la primera, que en una de aquellas conversaciones que tuvimos me contó que tenía un puesto fijo, la han despedido en estos días.

He visto (y sigo viendo) caer muchas torres desde hace dos años y medio. También cayó aquel augur que con tanta solemnidad habló en la Navidad de 2010. Me admira la rapidez con que los que miraban hacia abajo han tenido que aprender a mirar hacia arriba. Algunos ni siquiera han aprendido a mirar. Quienes nunca cogían el teléfono ahora esperan desesperadamente que alguien les llame.

En una sola semana han imputado a dos personas que, en diferentes momentos de mi vida, me han dejado sin trabajo; uno, para poner en mi puesto a su novia (otro día lo contaré). Cuando he leído las noticias de las dos imputaciones he pensado que aunque las personas no somos justas, el mundo muchas veces lo es.

Solo en esta semana he recibido la noticia de tres compañeros que se han quedado en paro.  ¿Qué podemos hacer para que cese ya esta sangría? Visto que no podemos confiar en el sistema, que no siente, que no comprende… Bastante trabajo tiene ya con buscar dónde esconder el dinero que se han llevado y con convencer o distraer a la justicia… y a la sociedad. ¡Como si no conociéramos los que trabajamos en Comunicación cómo funcionan esas estrategias de distracción, las preferidas por los malos profesionales!

Visto, como decía, que no podemos confiar en un sistema que nos anula y que nos roba, habremos de poner todos cartas en el asunto y cooperar. Tomar conciencia de que el cambio es lo único seguro; que quien hoy está arriba mañana estará abajo y viceversa, y que, por tanto, es bastante ridículo mirar por encima del hombro a quien hoy no trabaja o a quien ocupa un puesto inferior, porque mañana nuestras posiciones habrán cambiado.

Quien ayuda, quien coopera, tiene más posibilidades de prosperar porque se abre también a la ayuda que el otro le proporciona, porque se gana la gratitud, el respeto y el cariño de los otros (lo cual de por sí ya tiene bastante valor); pero, sobre todo, porque la calidad de la persona no se la confiere el puesto que ocupa en la sociedad, sino su manera de estar en el mundo, su generosidad, su humanidad, su libertad, su humildad, su sabiduría y, en definitiva, su bondad, que es el compendio de todo esto.

La responsabilidad en la toma de decisiones pasa por tener en cuenta a los otros. En no olvidar que tan importante como el “yo” es el “tú”.

“Un placer hacer equipo”,  escribía en Twitter Nerea Vadillo en respuesta a la foto que acababa de publicar Elena Torres y que nos hicimos en la cena de Navidad de Dircom. Me gustó mucho esa respuesta: sin equipo, nos quedamos todos como simples espectadores de una obra dramática chabacana y grotesca.  Un placer disfrutar de la compañía y de la conversación de personas tan encantadoras como Elena y Nerea. Y también de Vanessa, aunque no salga en la foto.

“Un placer hacer equipo”, escribía en Twitter Nerea Vadillo en respuesta a la foto que acababa de publicar Elena Torres y que nos hicimos en la cena de Navidad de Dircom. Me gustó mucho esa respuesta: sin equipo, nos quedamos todos como simples espectadores de una obra dramática chabacana y grotesca. Un placer disfrutar de la compañía y de la conversación de personas tan encantadoras como Elena y Nerea. Y también de Vanessa, aunque no salga en la foto.

Vivir en el mundo como entre amigos

Todos queremos un mundo mejor, un mundo sin guerras, sin hambre, sin enfermedades. Confiamos en la ciencia y en el progreso para que se produzcan los cambios que anhelamos; sin embargo, esa transformación solo se dará cuando cada uno de nosotros miremos a nuestro interior y decidamos sacar lo mejor para darlo a los demás. 

Estar en el mundo como cuando estamos en casa. Vivir con todas las personas como vivimos con los nuestros, con nuestra familia, con nuestros amigos. Comunicar: hacer partícipes a los demás de lo que tenemos, de lo que somos (no lo que queremos aparentar), conversar, establecer medios de acceso entre personas, unir…

Los días en que uno comunica, los días en que uno está rodeado de personas a las que quiere y por quienes siente querido son los mejores días del año. ¿Qué nos impide comunicarnos? Ojalá viviésemos así todos los días.

En casa de Mari Carmen y José Luis, en Calamocha. Con los amigos.

En casa de Mari Carmen y José Luis, en Calamocha, en el mundo. De pie: Javi, Miguel Sánchez, Juan Carlos Meler, José Luis Jiménez, Mayte Roy, Luis Alegre, Andrés Cuartero, Pepe Melero y José Luis Campos. Sentados: Antón Castro, Mari Carmen Layunta, Miguel Mena, Ángel Artal, Mariano Gistaín, Pilar Clau, Loli Torrecilla y David Trueba.

 

Con David Trueba

Con David Trueba

Foto de Miguel Mena

Foto de Miguel Mena