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Con los ojos con cerrados y de la mano amiga

“Al final de las vocaciones suele haber un gran profesor. Un profesor es como un cineasta”, dice David Trueba cuando habla de su película “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, que se estrena hoy.

Al final de mi vocación, la Literatura, hay un gran profesor: don José Arlegui.  Se entusiasmaba con mis comentarios de textos literarios y no entendía que pudiera dedicarme a otra cosa que no fuera a la Literatura. Una mañana, tras pedirme que leyera ante mis compañeros el comentario que había escrito sobre un poema de Antonio Machado, me convenció para que estudiara Filología hispánica. Y aunque no he hecho de ella (al menos, de momento) mi profesión, la Literatura es para mí “la veste pura y el palpitar suave de la mano amiga”.

Este era el poema:

Desde el umbral de un sueño me llamaron… 
Era la buena voz, la voz querida. 
    -Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?…. 
Llegó a mi corazón una caricia. 
    -Contigo siempre….Y avancé en mi sueño 
por una larga, escueta galería, 
sintiendo el roce de la veste pura 
y el palpitar suave de la mano amiga.

Antonio Machado (Soledades, galerías y otros poemas, 1907)

Y esta la película de David Trueba que os recomiendo:

Y dijo Maribel Verdú de «Pétalos de luna»:

“Pétalos del luna” me ha fascinado. Estoy segura de que aquí hay una gran película y yo quiero interpretar uno de los dos papeles femeninos: el de Clara o el de Noelia. No me importa cuál, pero uno de los dos.

“Pétalos de luna” devuelve el placer de leer una historia bien tramada, en la que palpita la seducción por el acto de contar y de conocer.

“Pétalos de luna” me parece una novela tan original que no encuentro referencias para compararla. Es un choque de egos; la historia de una pasión desgarradora que evoca la tragedia griega, pero que se desarrolla en nuestros días, con teléfonos móviles, paro, desesperación y este tiempo que a veces parece volar y otras se estanca en una ciénaga de días eternos porque esperas una llamada que nunca llega y entonces la conexión y los datos no sirven de nada.

Tal vez uno de los momentos más bonitos e inolvidables de este año sea la noche en que Maribel Verdú me llamó por teléfono entusiasmada después de leer «Pétalos de luna». «Me ha encantado, no; mucho más que eso. ¡Es maravillosa!» No cabían en el acto de presentación tantas cosas bonitas como me dijo por teléfono; pero que veía la novela convertida en una gran película y que ella quería ser una de las dos mujeres, Clara o Noelia, eso sí lo repitió.

conmaribelbn

Encuentros

El verano me ha mantenido alejada de Internet. No porque me lo propusiera, en absoluto. Fue la vida; la vida prevista y la imprevista se conchabaron para robarme el tiempo y el pensamiento necesario para pasar aquí un ratito. Quizá mejor debería decir que previstos e imprevistos se aliaron para obligarme a ejercer a tiempo completo mis responsabilidades de carne y hueso. Ha sido un ejercicio gratísimo que me ha llenado de paz y de alegría y que me ha enseñado muchas cosas.

Solo una humanidad sin carne ni hueso (pero sí con mucha alma) ha conducido mi pensamiento y mis emociones a otros confines durante este verano: la de la literatura. Me reencontré con el teatro de Buero Vallejo, con la narrativa de Galdós, de Óscar Wilde, de Sándor Máray, de Virginia Wolf… Y viví con sus personajes en otros lugares y en otros tiempos. Ay… ese ratito dedicado casi cada día a la lectura, tan íntimo y tan universal… Ficción para los sentidos y certidumbre para las emociones.

La última semana del verano, la pasada, fue de trabajo intenso, y cómo no, también de aprendizaje:

Aprendí que la amabilidad, la empatía, las emociones y los sentimientos positivos sirven para innovar en cualquier empresa y para distinguirse.

Que convivir es comunicar y que las relaciones comerciales también son comunicación.

Que competir no es machacar al otro, sino ser diferente al otro, distinguirse, ofrecer algo diferente a lo que ofrecen los demás.

Que ser creativo es saber conectar ideas, conocimientos, pensamientos.

Que muchos chinos no saben que existe España.

Que los rusos son fríos, pero amantes de las relaciones humanas y honrados. ¡Y que pagan siempre por adelantado!

Que Japón quiere ponerse de moda.

Que cada aprendizaje es un descubrimiento y es un encuentro.

La semana pasada me encontré con personas a las que había visto aquí, o en Facebook, o en Twitter y fue un placer. Y hoy es un placer volver aquí con tanta ilusión y tantas ganas de encontrarme con cada uno de vosotros. ¡Gracias por seguir aquí!

Un instante muy feliz de este verano: estoy con Pablo, con Blanca, con María...

Un instante muy feliz de este verano: estoy con Pablo, con Blanca, con María…

El soneto de Quevedo es la solución policial, metafísica, al enigma de «Pétalos de luna» (Por Mariano Gistaín)

Pétalos de luna condensa la justicia del amor y el desamor, quizá la justicia del universo, que es inaccesible pero a veces se puede intuir. El que engaña queda atrapado en su mentira, y esto le condena y al mismo tiempo le redime, pues para él su mentira es la única verdad. Vive en ella y vive en el mundo real, donde su mentira provoca un dolor que trasciende la novela.

Noelia consigue ser amada sobre todas las cosas, más allá del tiempo y la cordura.

Ha pagado un precio muy alto, al menos desde la perspectiva de los vivos. Los dos triunfan más allá de la muerte en su fracaso compartido.

Héctor no reconoce su fracaso, sus mentiras y su culpa. El mundo ha de ajustarse a sus designios, que quizá son los de Noelia: ella lo buscó, lo sacó de la nada, lo invoca y le hace vivir doblemente. ¿Quién se hubiese resistido?

Desde ese primer encuentro, cuando ella lo seduce –en la presentación de un libro–, Héctor no es dueño de su vida. Los demás, los pretendientes, con mucho menos motivo (utilizados como cebo, como consuelo, como pasatiempo), aún no se han recuperado. La anhelan, se culpabilizan, la esperan.

Clara, la narradora y amiga íntima de la protagonista, escribe un libro por encargo, la novela contiene un informe. Clara abre una investigación que llegará hasta el final, que es donde todo comienza de nuevo. El final es el principio, el final está en la conciencia de cada lector, que cancela estas vidas o las incorpora a su continuum de ficciones y realidades, a menudo indistinguibles. (A veces veo llegar a Noelia a las citas del parque. La veo salir de la fuente como la dama del lago).

La novela lleva dentro un diario y el diario contiene los emails impresos. Los cuadros de Noelia siguen colgados en las paredes y los libros se abren al azar de los días o se aprietan en sus bits, por las estanterías: el soneto de Quevedo “Amor constante más allá de la muerte” es la solución policial, metafísica, al enigma de Pétalos de luna. El diario de Noelia escribe desde dentro la novela. El diario formatea el presente más allá de la muerte.

Clara, cuya vida ha sido suspendida en ese limbo del paro, en esa invisibilidad de la ausencia de amor, tiene que convivir con la evidencia de que todos los testigos siguen enamorados de su biografiada y amiga: Noelia está más viva que ella, pues los pretendientes la siguen deseando, la añoran, la viven o viven en ella. ¿Cómo acercarse ahora al parque donde Héctor la espera o a esa estación de Delicias que acaso ha sido erigida como un mausoleo que pueda acoger el vestíbulo que propicie su llegada?

Condenados a vivir eternamente sus vidas normales, sus vidas sin ella, los enamorados se resignan a frecuentarla en la misma novela que da testimonio de su marcha irremediable (a veces la veo llegar a las citas del parque).

Un fragmento de «Yaya Fina y la cadiera de San Antonio» (primera novela de Mariano Gistaín y María Pilar Clau)

Doña Fina reunió a sus tres nietos en una chocolatería de Zaragoza: a Lucía, de once años, y a Toño, de siete (descendientes ambos de su hijo Antonio), y a Siansey, hija adoptiva de su primogénita, Marisa. Era el primer encuentro de la abuela y sus dos nietos pequeños con Siansey, pues Marisa rompió toda relación con su madre y con su hermano en el mismo instante en que le entregaron a la niña, cuando esta era todavía un bebé.

Sin embargo, ahora Siansey estaba a punto de cumplir quince años y Fina necesitaba revelarle una verdad que no podía ocultar por más tiempo. El destino de la humanidad dependía de que la joven conociera y aceptara esa verdad. Con la ayuda de sus otros dos nietos, consiguió verla a escondidas.

–Siansey, tú sabes que nuestra familia desciende de Laluenga, y que es allí donde está mi casa; mía y vuestra –dijo Fina.

–Mamá me habló una vez de Laluenga –recordó Siansey.

–Una noche de 1613, un peregrino llamó a la puerta de esa casa. Nuestros antepasados lo acogieron, compartieron con él su cena y le ofrecieron una cama donde descansar. Él agradeció la hospitalidad, pero prefirió dormir en la misma cadiera en la que se había sentado junto al fuego. Cuando los demás le dieron las buenas noches, el forastero les desveló que era San Antonio de Papua –refirió Fina a su nieta.

–¿Qué es una cadiera? –interrumpió Siansey.

–¿No lo sabes? Pues yo soy más pequeño y lo sé –respondió Toño.

–¿Es lo que dibujasteis en la carta? –preguntó de nuevo Siansey.

–La dibujé yo –afirmó Toño.

–Pues por eso no sé qué es una cadiera –replicó Siansey mientras se reía y acariciaba cariñosamente la cabeza de su primo.

–Una cadiera es un banco de madera –intervino Lucía.

–A la mañana siguiente –continuó Fina–, cuando se despertaron, el peregrino se había marchado; pero no sin agradecer la hospitalidad de nuestra familia. Nos dejó un don: curar. Ese carisma se viene transmitiendo de generación en generación a través de las mujeres. Solo ellas pueden ejercerlo.

Dibujo de Marina Prieto Clau (2008)

Dibujo de Marina Prieto Clau (2008)

‘Pétalos de luna’, el misterio de los corazones (Mariano Gistaín)

Pétalos de luna es una novela de acción trepidante: una acción que se desarrolla interiormente en cada uno de los personajes y que es tan poderosa que domina la realidad, la crea. Pétalos de luna pone de manifiesto el extraordinario poder de las emociones: tanto para alcanzar objetivos como para hundirse en abismos insondables si uno se deja arrastrar por ellas.  Noelia Duch deja escrito en su diario que muere de amor y se pregunta si pudo haberlo evitado: ¿El amor o la muerte? Puesto que ella ya no está a tiempo de salvarse, emplea sus últimos suspiros para pedirle por escrito a su mejor amiga que escriba la historia de amor que la ha conducido a este fatal desenlace. Está convencida de que sus errores,  sus decisiones equivocadas, servirán para que otras personas comprendan lo arriesgado que es amar como ella amaba, esperar como ella esperaba. Su amiga, Clara Barrabés, lee la petición diez años después. Los remordimientos que estos diez años han logrado aplacar irrumpen con toda violencia en el alma de Clara.  Noelia Duch deja escrito que muere de amor, pero algunos no la creerán.

 

Pétalos de luna, de María Pilar Clau, es una novela sin trampas: te cuenta todo desde la primera página. Te da el plan de la obra, el índice. Entonces, ¿qué es lo que mantiene el interés? No lo sé. Hay una trama, una intriga, pero desde el principio se sabe el final. Quizá es que la novela contiene un enigma en cada página, como acertijos ocultos en la sustancia de la prosa, en las tensiones invisibles de las palabras, tan importantes en la novela. Pero no se trata de juegos de palabras o de texto poético, embellecido o rebuscado: es algo más misterioso, quizá el mismo hechizo del lenguaje ante una pasión desgarrada. Si la literatura y el arte son las vías para explorar el misterio del alma humana, Pétalos de luna es una obra maestra. No parece que la autora haya querido complacer las modas ni satisfacer las tendencias de los tiempos, sino contar una historia que reclamaba salir y conjurar un peligro que siempre acecha. En ese sentido es un manual de instrucciones que alerta ante el peligro de los sentimientos y las emociones que se desbocan hacia la persona equivocada. Cada palabra actúa sobre el mundo, cada pensamiento crea el mundo, cada emoción conmociona el universo.

Por lo demás la novela refleja muy bien la distopía interior de 2011, donde ya se había decretado la estampida general y el caos reinaba en los corazones.

Mariano Gistaín

Club de lectura del CRA «A Redolada» sobre «Petalos de luna»

Veintiuna lectoras de “Pétalos de luna” asistieron al Club de lectura organizado por profesoras y madres del CRA (Colegio Rural Agrupado) “A Redolada”, al cual pertenecen las escuelas de Peralta de Alcolea, Berbegal, Huerto, Pertusa y Laluenga. Compartimos tres deliciosas horas de conversación, impresiones y reflexiones. Los personajes de la novela nos guiaron por un sugerente recorrido a través de las emociones, los sentimientos, los hechos y las palabras. Hablamos del amor, del paro, del egoísmo, de la amistad, de los remordimientos, de lo fácil que es juzgar a la ligera…

Se refirieron más a la novela con la palabra “intriga” que con el término “romanticismo”. Y dijeron que “Pétalos de luna” les había absorbido de tal modo que, especialmente en la segunda mitad, les resultaba del todo imposible dejarla.

Tal vez las preguntas que se repitieron con más frecuencia fueron las relacionadas con esa línea invisible que separa la realidad de la ficción. ¿Qué es real? ¿Son los gustos de los personajes? ¿Sus preferencias literarias? ¿Son sus sueños? ¿Algún personaje tal vez?

¿Qué podía responder yo, que con mucha frecuencia me pregunto qué es real? No en la novela, sino en la vida. Según la Física cuántica, los electrones que giran en órbitas alrededor de un átomo solo manifiestan y ordenan sus características particulares cuando la conciencia humana posa su atención en ellos.

¿Existe la realidad o la creamos cada uno de nosotros? Comencé a hacerme esta pregunta cuando tenía cinco años. Una década después aquello se convirtió en una terrible obsesión para mí. Cuando caminaba por la calle y me veía reflejada en el escaparate de alguna tienda no venía a mi mente otro pensamiento: ¿existe el mundo o solo existo yo y todo lo demás está en mi imaginación?

Si los demás existen porque yo los imagino, mi existencia se la deberé también a aquellos que ponen su atención en mí. Y ya que se trata de un favor recíproco, ¿por qué no agradecérnoslo más?

Yo agradezco infinitamente al Club de lectura del CRA “A redolada” que pensaran en mí, que leyeran mi novela y que me invitaran a participar en ese delicioso encuentro. Y también a cada una de las mujeres que asistieron, que me escucharon, que me miraron, que me crearon para compartir conmigo una tarde feliz.

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Consiguieron emocionarme muchas veces

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También les hice reír

Isabel me leyó un precioso poema que compuso a partir de una frase de la novela "Agua y cielo"

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Luis Alegre recomienda «Pétalos de luna» en Aragón Televisión

Luis Alegre ha recomendado esta mañana «Pétalos de luna» en el programa Buenos días Aragón, de Aragón Televisión.

«Una novela apasionante llena de intriga e indagación sobre el misterio amoroso. Es una novela de amores complicados. Muy absorbente. Con una protagonista arrebatadora, Noelia Duch, por la que todos los hombres pierden la cabeza, y ella se enamora del hombre equivocado. Es una novela apasionante e hipnótica que desvela el gran talento literario de María Pilar Clau».