Archivo de la categoría: Laluenga

«Dad y se os dará»

Por aquella sierra gris de silicio y romero, la de la Carrodilla, vendrán hoy los Reyes Magos. Recorrerán todos los pueblos y se detendrán en cada casa. En mi ventana encontrarán, junto a mis zapatos, la carta que les he escrito esta mañana. En cuatro folios les doy las gracias por las muchas cosas buenas que me trajeron el año pasado, entre ellas, vosotros. Gracias por estar aquí, por leer lo que escribo, por poner Me gusta, por escribir comentarios. Gracias por ese cariño vuestro que yo recibo.
Y después de agradecer, les he pedido cosas para este año. A los Reyes Magos se les pide cosas y a mí, que soy de mucho pedir, me encantan los Reyes Magos.

He acabado de escribir la carta y he recibido otra con una petición para mí:

«Por favor, consigue que al menos una de tus amistades apadrine un niño o niña«.

Y continuaba con una frase de Vicente Ferrer: «Para erradicar la pobreza se necesitan muchas manos».

Y como estoy segura de que erradicar la pobreza es un deseo de todos, también lo estoy de que algún amigo o amiga de cuantos pasáis por aquí desearéis colaborar.

https://www.fundacionvicenteferrer.org/somoslallave/apadrina-ahora.php

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Día Universal del Niño

El género humano es una realidad agitada por un constante inicio: la niñez es la innovación de la humanidad. Los niños han de ser guiados en pos de la construcción de su ser. Su felicidad y el respeto que adquieran por sí mismos dependerán de sus relaciones con personas importantes en su vida y, en definitiva, del AMOR que sintamos por ellos y que sepamos manifestarles. Todos tenemos la responsabilidad de educar.  

 «El hombre quiere ser confirmado en su ser por el hombre, y desea la presencia del ser del otro… secreta y turbadamente espera un SÍ que le permita ser y que puede llegar a él solo de persona a persona.»  Martin Buber.

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La amistad y la familia

Cada amigo es un universo especial de emociones y experiencias con el cual compartimos una forma única de experimentar la vida. Cuando un amigo nos presenta a la familia, esa indispensable materia prima con la que construimos la vida, esos dos mundos de conexión e intimidad (familia y amigos) forjan una alianza que proporciona al alma una seguridad profunda e incondicional.

Antón, Dani y Cuchi conocieron a mi familia el pasado 19 de enero, y esa fecha quedó señalada en mi corazón. Luis, cuando vino a entregarme el ramo de novia, un 13 de junio, día de San Antonio. El 26 de octubre (el pasado sábado) Antón, Dani (hijo de Antón), Cuchi, Luis, Ángel, Mariano (mi marido) y yo celebramos esa rica unión de amistad y familia gracias a Jorge, que fue quien trajo a los suyos esta vez.

Con Jorge. 26 de octubre.

Con Jorge. 26 de octubre.

Simpatía y empatía

Según mis padres y mi DNI, nací un 15 de octubre, fecha en la que se celebra la festividad de una gran santa y escritora, Santa Teresa de Jesús. También un 15 de octubre, el del año 77 antes de Cristo, nació Virgilio, autor de La Eneida, una magnífica epopeya que llegué a saberme casi de memoria de tanto usarla en mis clases de Latín. Durante más de una década, desde que estudiaba primero de Filología, y mientras ya ejercía como periodista, dar clases particulares de Latín era en mi vida un hábito tan arraigado y casi tan necesario como lo eran levantarme por las mañanas, comer, llamar por teléfono a mis padres o quedar con mis amigos.

Era una cuestión de máxima importancia para mí que los conocimientos que había adquirido, que mis habilidades y que mi propia experiencia ayudaran a otros a conseguir su objetivo (y el de sus padres): aprobar.

Ser a un tiempo estudiante y profesora era una gran ventaja porque no me costaba nada ponerme en el lugar de mis alumnos: los escuchaba, los observaba y descubría así tanto sus fortalezas como sus debilidades. Las primeras me servían para elevarlos por encima de las segundas de manera que estas últimas no supusieran ningún obstáculo para lograr su propósito. Todos eran muy inteligentes, alguno adolecía de dificultades para concentrarse, otro para memorizar, otro para distinguir entre dos formas verbales…  y a otros, simplemente, no les gustaba el Latín. Partiendo siempre de lo mejor que tenía cada cual, me dedicaba con unos a trabajar la concentración, a otros les enseñaba trucos para recordar o para distinguir los verbos… y a otros intentaba contagiarles mi amor por el Latín explicándoles con detalle el proceso por el cual yo me enamoré de esta lengua.

No quisiera escribir algo que no sea verdad y les aseguro que no recuerdo que ningún alumno suspendiera (ni Latín, ni otras asignaturas que les daba).  El secreto no estaba mis conocimientos (al menos yo nunca lo creí), el secreto estaba en dos palabras griegas συμπάθεια (simpatía) y ἐμπαθής (empatía). El afecto y la identificación con el otro eran lo primero, después venía la transmisión de conocimientos y, a continuación, el buen resultado.

Cuando el trabajo ya no me dejaba tiempo para ello, tuve que dejar las clases. Las añoré durante mucho tiempo. Por suerte ahora también doy otros cursos y, aunque las materias son distintas, ni el afecto ni la identificación han cambiado.

Anoche un amigo escribió dos comentarios en uno de mis post de Facebook:

“Tuve una profesora de Latín estupendísima, te acuerdas?? Lograste que Domeño me aprobara!!! ya no se sí por mis análisis y traducciones del Libro de las Galias o por que le caías muy bien, sería por eso!!! Ahora me dedico a las ciencias ya ves tú un… besazo».
Rosa rosae me gustó gracias a ti, aún te veo como una profesora, eh!! Jaja con cierto respeto…. «

Me emocionó recordarlo, y me hizo mucha gracia eso de de “con cierto respeto”. Yo también conservo siempre un respeto especial por quienes son y han sido mis alumnos.  ¡Gracias Toño, por ese comentario tan sorprendente!

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Encuentros

El verano me ha mantenido alejada de Internet. No porque me lo propusiera, en absoluto. Fue la vida; la vida prevista y la imprevista se conchabaron para robarme el tiempo y el pensamiento necesario para pasar aquí un ratito. Quizá mejor debería decir que previstos e imprevistos se aliaron para obligarme a ejercer a tiempo completo mis responsabilidades de carne y hueso. Ha sido un ejercicio gratísimo que me ha llenado de paz y de alegría y que me ha enseñado muchas cosas.

Solo una humanidad sin carne ni hueso (pero sí con mucha alma) ha conducido mi pensamiento y mis emociones a otros confines durante este verano: la de la literatura. Me reencontré con el teatro de Buero Vallejo, con la narrativa de Galdós, de Óscar Wilde, de Sándor Máray, de Virginia Wolf… Y viví con sus personajes en otros lugares y en otros tiempos. Ay… ese ratito dedicado casi cada día a la lectura, tan íntimo y tan universal… Ficción para los sentidos y certidumbre para las emociones.

La última semana del verano, la pasada, fue de trabajo intenso, y cómo no, también de aprendizaje:

Aprendí que la amabilidad, la empatía, las emociones y los sentimientos positivos sirven para innovar en cualquier empresa y para distinguirse.

Que convivir es comunicar y que las relaciones comerciales también son comunicación.

Que competir no es machacar al otro, sino ser diferente al otro, distinguirse, ofrecer algo diferente a lo que ofrecen los demás.

Que ser creativo es saber conectar ideas, conocimientos, pensamientos.

Que muchos chinos no saben que existe España.

Que los rusos son fríos, pero amantes de las relaciones humanas y honrados. ¡Y que pagan siempre por adelantado!

Que Japón quiere ponerse de moda.

Que cada aprendizaje es un descubrimiento y es un encuentro.

La semana pasada me encontré con personas a las que había visto aquí, o en Facebook, o en Twitter y fue un placer. Y hoy es un placer volver aquí con tanta ilusión y tantas ganas de encontrarme con cada uno de vosotros. ¡Gracias por seguir aquí!

Un instante muy feliz de este verano: estoy con Pablo, con Blanca, con María...

Un instante muy feliz de este verano: estoy con Pablo, con Blanca, con María…

Pregón Fiestas de Laluenga 2013

He tenido el privilegio de ser pregonera de las Fiestas de Laluenga 2013. Este es el pregón que he leído hoy a las 12 horas desde el balcón del Ayuntamiento. 

Queridos vecinos, amigos y familia:

No hay honor comparable al que le otorgan a una en su propio pueblo, y ser pregonera de las fiestas de Laluenga es para mí el mayor privilegio que puedo recibir. No sé si lo merezco, pero me siento orgullosa, feliz y henchida de gratitud.

Laluenga está en el mejor punto del planeta, decía mi abuelo. Y yo sé que tenía toda la razón. Me asomo a la terraza y admiro nuestros campos, nuestro cielo, las montañas que otean envidiosas, el Pueyo, que nos ha reservado su cara más espléndida. Pozos, huertos, balsas, eras y caminos. Laluenga está en mí, como decía Borges, “igual que un poema que aún no he podido contener en palabras”.

Tenemos una historia milenaria y un rico patrimonio cultural. Nuestra hospitalidad proverbial acogió a San Antonio de Padua. De la fértil savia de Laluenga dimanan personajes tan ilustres como Basilio Paraíso, al cual debe mucho Aragón, España y hasta el comercio internacional. Pero lo que hizo más insigne a Paraíso a nuestros ojos fue que nunca se olvidó de su pueblo natal.

Esta tierra de Laluenga en la que se hallan clavadas nuestras raíces ha producido este año una cosecha como no se recuerda. ¡Y vamos a celebrarlo! Y vamos también a dar las gracias porque tal vez lo extraordinario de la siega se deba a las rogativas que las mujeres hicieron el año pasado. Es justo que demos las gracias como es justo que no olvide en este pregón a la patrona a la cual veneramos con nuestras fiestas: Santa María Magdalena.

Nos han hablado de la pecadora, de la arrepentida… María Magdalena fue una mujer que buscó desesperadamente el Amor y, cuando por fin lo encontró, fue la que más amó, la más fiel, la más entregada. Amó al humillado, al condenado, al moribundo, amó a Jesús hasta su trágica soledad en la muerte. No es extraño pues que sea patrona de Laluenga una mujer tan real, tan viva; un corazón de fuego al que le fue dado ver la Luz invencible.

Querido pueblo: La fiesta va a comenzar. Nuestra voluntad está dispuesta a dejarse subyugar igual que cuando comenzamos a leer una novela o estamos a punto de ver una gran ópera. Nuestro ánimo está presto a sumergirse en el alma de lo que le espera en estos días anhelados todo el año. La emoción nos arrebata. Belleza y misterio estallan y nos acercan, por unos días de eternidad, al absoluto, al sentido más profundo de la vida, ese que explica y justifica nuestra existencia.

Puesto que estamos en esta plaza, la plaza de nuestros recreos y de nuestros primeros bailes, permitidme que acabe con unas palabras de aquel a quien debe su nombre:

“El porvenir visto desde lo alto de la cuesta de la vida suele ofrecer perspectivas de vértigo. El porvenir es vuestro. Lo único que yo podría pediros es que lo encadenarais al bien, a la prosperidad y al engrandecimiento de este pedazo de tierra donde hemos recibido las primeras caricias, donde viven nuestros amores y donde reposan las cenizas de los que amamos y nos abandonaron”.

Por mi parte, lo único que voy a pediros es que disfrutéis, y que encadenéis el hechizo, la fraternidad, la emoción compartida de las fiestas, al engrandecimiento de este pedazo de pueblo que es mi mejor sueño.

¡Viva Laluenga!

¡Viva Santa María Magdalena!

PILARcOMISIÓN

Un fragmento de «Yaya Fina y la cadiera de San Antonio» (primera novela de Mariano Gistaín y María Pilar Clau)

Doña Fina reunió a sus tres nietos en una chocolatería de Zaragoza: a Lucía, de once años, y a Toño, de siete (descendientes ambos de su hijo Antonio), y a Siansey, hija adoptiva de su primogénita, Marisa. Era el primer encuentro de la abuela y sus dos nietos pequeños con Siansey, pues Marisa rompió toda relación con su madre y con su hermano en el mismo instante en que le entregaron a la niña, cuando esta era todavía un bebé.

Sin embargo, ahora Siansey estaba a punto de cumplir quince años y Fina necesitaba revelarle una verdad que no podía ocultar por más tiempo. El destino de la humanidad dependía de que la joven conociera y aceptara esa verdad. Con la ayuda de sus otros dos nietos, consiguió verla a escondidas.

–Siansey, tú sabes que nuestra familia desciende de Laluenga, y que es allí donde está mi casa; mía y vuestra –dijo Fina.

–Mamá me habló una vez de Laluenga –recordó Siansey.

–Una noche de 1613, un peregrino llamó a la puerta de esa casa. Nuestros antepasados lo acogieron, compartieron con él su cena y le ofrecieron una cama donde descansar. Él agradeció la hospitalidad, pero prefirió dormir en la misma cadiera en la que se había sentado junto al fuego. Cuando los demás le dieron las buenas noches, el forastero les desveló que era San Antonio de Papua –refirió Fina a su nieta.

–¿Qué es una cadiera? –interrumpió Siansey.

–¿No lo sabes? Pues yo soy más pequeño y lo sé –respondió Toño.

–¿Es lo que dibujasteis en la carta? –preguntó de nuevo Siansey.

–La dibujé yo –afirmó Toño.

–Pues por eso no sé qué es una cadiera –replicó Siansey mientras se reía y acariciaba cariñosamente la cabeza de su primo.

–Una cadiera es un banco de madera –intervino Lucía.

–A la mañana siguiente –continuó Fina–, cuando se despertaron, el peregrino se había marchado; pero no sin agradecer la hospitalidad de nuestra familia. Nos dejó un don: curar. Ese carisma se viene transmitiendo de generación en generación a través de las mujeres. Solo ellas pueden ejercerlo.

Dibujo de Marina Prieto Clau (2008)

Dibujo de Marina Prieto Clau (2008)