Comparto con vosotros una de mis canciones favoritas, «María la portuguesa», magníficamente interpretada por Argentina, la cantaora onubense nominada a los Premios Grammy.
Argentina llega este fin de semana a Aragón para poner su voz en el espectáculo «El Amor brujo», acompañada por la Orquesta «Reino de Aragón». (En el Palacio de Congresos de Huesca el día 8 de mayo y en el Auditorio de Zaragoza el día 10 de mayo)
“No se puede huir de la vida. En mis tiempos no se hablaba tanto de felicidad. Si llegaba, la agradecíamos. Pero también hay otras cosas que son igual de importantes y que compensan y tranquilizan el espíritu: el deber, el sentido de la responsabilidad”.
Escuché esto recientemente en una película de 1942, Como ella sola, dirigida por John Huston y protagonizada por Bette Davis y Olivia de Havilland. Se me quedaron grabadas esas palabras con las que el padre responde a las quejas de su irresponsable hija sobre su infelicidad.
Sin sentido de responsabilidad es imposible encontrar sentido a la existencia. Cuando falta la responsabilidad sobrevienen la injusticia, el caos, el desconcierto, la desconfianza y la infelicidad.
Quien renuncia a su responsabilidad está renunciando a su libertad.
«Vivir exige mucha responsabilidad”, dice Sándor Márai en su novela La hermana. Y la responsabilidad, además de libertad, implica valentía. La responsabilidad tiene que ver con elecciones ante una encrucijada de alternativas. Estamos constantemente eligiendo; a veces de manera consciente y otras de manera inconsciente.
El escritor debe tener un sentido muy exigente de la responsabilidad personal. El ejercicio de escribir obliga a elegir en cada frase, en cada palabra, en cada pensamiento y, como no, en cada personaje que construimos.
“Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos”, dijo José Saramago. También los personajes literarios son según son su memoria y su responsabilidad.
Uno de los personajes literarios que más me fascina y precisamente por su estricto sentido de la responsabilidad, es Johanna Sansíleri, protagonista de la última novela de Álvaro Pombo. Cuando muere su marido, descubre que había estado engañándola durante años, que tuvo una doble vida con otra mujer y, lejos de culparle a él o la otra mujer, busca en sí misma el motivo que llevó a su marido a engañarla.
También otro personaje, Henrik, de El último encuentro (Sándor Márai) asume, si bien casi al final de su vida, que tuvo su parte de responsabilidad en la infidelidad de su esposa.
La responsabilidad tiene que ver con la conciencia, con estar presente en cada acto. La realidad es el resultado de actos racionales y de impulsos irracionales. Y también la ficción, puesto que son los personajes los que legitiman la acción.
“Nos guste o no, todo lo que nos sucede es consecuencia de las decisiones que tomamos en el pasado”, dice Clara Barrabes, la narradora de Pétalos de luna.
Muchísimas gracias a Social in Way por invitarme a participar en sus interesantísimos cafés RSC.
Aquí podéis ver la película completa de John Huston que mencionaba al principio:
Las palabras escritas son mágicas. Lo dice uno de los expertos internacionales más destacados en el ámbito de la psicología cognitiva y el lenguaje, Manuel Carreiras. Y lo dice porque cuando las vemos, no podemos hacer otra cosa sino leerlas.
Los mensajes que nos llegan a través de la lectura resuenan más en el cerebro que los mensajes que oímos; tienen la capacidad de alcanzar nuestro subconsciente e influir en él. Las palabras poseen un extraordinario poder para conseguir nuestros objetivos. Son imprescindibles para atraer la atención y para seducir. Manejar bien el lenguaje escrito hace que saquemos lo mejor de nosotros mismos.
La escritura es el escenario donde el pensamiento se serena. Es un acto comprometido con la sociedad, con la actualidad. Nos obliga a articular nuestra inteligencia, nuestro pensamiento. El esfuerzo por expresar por escrito mejora la imaginación y la creatividad. Los secretos de la escritura nos hacen más eficaces en el desarrollo de los planes y en el logro de nuestros propósitos. Las palabras son las mejores opciones para cambiar el curso de una idea, de una empresa. La escritura engrandece o empobrece los proyectos y la imagen de las personas. La destreza estilística y la estrategia narrativa son tan importantes para la buena marcha de una empresa como lo son las ideas y los números.
Me infunde un gran entusiasmo el dar este curso de Escritura en el IAF. Es, sin duda, mi materia favorita. Aspiro a persuadiros de que si os empeñáis en aprender a escribir bien vuestra vida se expandirá de forma insospechada tanto en lo personal como en lo profesional.
«Maribel Verdú es una lectora inagotable desde que era niña. En los primeros años que la conocí hablaba de Scott Fitzgerald o Truman Capote. Le hacía ilusión que le regalara libros dedicados de Ignacio Martínez de Pisón, Mariano Gistaín, Javier Tomeo, Antón Castro, David Trueba, Bernardo Atxaga, Enrique Vila-Matas o Antonio Muñoz Molina. Y, luego, aún le hacía más ilusión conocer a los escritores que leía. Maribel siempre va acompañada de un par de libros. Cuando un libro le vuelve loca enseguida nos enteramos todos los amigos. Maribel no es de las que esconde sus mejores emociones. Uno de esos libros fue ‘Pétalos de luna’, la primera novela en solitario de María Pilar Clau. Para ella fue un placer presentarla en La casa del libro de Madrid, el año pasado, junto a Jorge Sanz. El público que asistió no estaba acostumbrado a escuchar a Maribel detallando el encanto de una novela».
Lo escribe el grandísimo Luis Alegre y lo publica en el Heraldo de Aragón del domingo 7 de diciembre y en Huffingtonpost. Es el comienzo del artículo «Eva y Felix» dedicado a la preciosa librería «Los portadores de sueños» en su décimo cumpleaños. Desde aquí aprovecho también para felicitarlos de todo corazón y para desearles que cumplan muchísimos muchísimos más. Cuando publiquen «Pétalos de luna» en papel querré presentarla en vuestra librería. ¿Me dejaréis? Espero que sea muy pronto.
Hoy he pasado por la plaza de los Sitios y he hecho esta foto. No puedo evitar mirar esta fachada cada vez que paso por delante y preguntarme en qué piso viviría Noelia Duch, la protagonista de “Pétalos de luna”. ¿Desde cuál de esas ventanas arrojó la dedicatoria que arrancó del libro de poemas?
Y me acuerdo de Maribel Verdú. Cuando me llamó entusiasmada después de leer la novela. Me dijo que “Pétalos de luna” le parecía “cinematográfica no, lo siguiente”, me habló, ente otras, de esta escena. Y también se refirió a ella en la presentación de la novela: “esa hoja de un libro que vuela en una noche terrible, unas palabras escritas hace cinco siglos que resucitan para decir una verdad que nadie desea crear con palabras de hoy”.
Os transcribo un trocito de la escena. Lo que ocurrió detrás de una de esas ventanas de la foto la noche del 27 de enero de 2001:
…“Héctor había introducido en el Paraíso, con premeditación y alevosía, la realidad doliente, el mismo infierno. Ya experimentaba mi amiga esa catábasis en su soledad desde hacía un año: el averno de lo incierto, los silencios, las ausencias, la otra vida de él, Inés. Pero no era lo mismo descender al ultramundo desde la tierra que hacerlo desde el mismo Paraíso. La realidad que ambos se habían esforzado en vencer con la fantasía la empujaba ahora al otro lado de la vida.Le tocaba a Noelia poner fin a esa historia de mentiras, pero Héctor se le había adelantado. Él vencía. Él le presentaba en unos versos el fatal destino al que su amor estaba abocado. Ese destino que ella estaba empeñada en aplazar, en señalarle el lugar y la hora.Se levantó, abrió los ojos y le enseñó sin pudor sus lágrimas, abrió el pecho y le mostró la herida sangrante, arrancó con furia la hoja en la que estaba escrita la dedicatoria, hizo con ella una pelota y la arrojó con rabia por la ventana.—¿A esto has venido? ¿No podías habérmelo dicho por teléfono? —le gritó.Jamás Héctor había imaginado a Noelia de ese modo. Jamás ella había estado así. Sacó toda la ira almacenada durante un año, le estalló el dolor comprimido de tantas horas de ausencia y de mentira.Como mil caballos desbocados, como un temible volcán de lava ardiente, lava que era la amargura de un año reprimida, castigada sin salir de sus entrañas. Cielo horadado por piedras encendidas, Noelia rugía como un furioso oleaje de horrísonos espumajos. Miraba a Héctor con sus ojos volcánicos, que él nunca había visto en erupción. Ni los estaba viendo porque no se había atrevido a mirarla desde que puso en sus manos aquella desgarradora dedicatoria.El tormento que mi amiga había estado soportando tantos días, los vientos y las lluvias que había estado conteniendo en su alma durante sus encuentros para que el sol brillara permanentemente en el Paraíso, para que las estrellas estuvieran todas las noches dispuestas de manera perfecta, para que no faltara nunca la luna, rompían ahora todos los diques de su cuerpo y de su alma, y la tormenta más cruel rasgaba el Paraíso en mil jirones. Y temblaba la tierra y un abismo se abría entre los dos amantes.Poderosas palabras las del poeta que, cuatro siglos después, hacían temblar el Paraíso y frenaban las órbitas de todos los planetas del universo. «Amor constante más allá de la muerte», para decir que su amor ya no tenía tiempo ni lugar en esta vida.»…
La imaginación ha llevado a diseñar mesas, sillas, bancos, camas… que se sostienen con solo tres patas, incluso con dos, y también las hay con seis o con ocho. Algunas se apoyan en ondas, bolas, asteriscos, etc. Sin embargo, lo habitual, lo original (por los orígenes) y lo seguro es que tengan cuatro. Hoy he entendido por qué. No me va a resultar fácil explicárselo; es posible no lo consiga, pero voy a intentarlo.
Imagínense el mundo, con el mar, la tierra, el cielo, el sol, las estrellas… Supongan a los hombres y mujeres que lo habitan, todos en general. Figúrense los sueños. Calculen las preocupaciones, los miedos, las dudas. Piensen en los problemas. Háganse una idea de las dificultades. Reflexionen sobre la alegría de estar vivos. Conciban los logros. Sospechen el alivio y la emoción de compartirlo todo.
Esther, de quien siempre digo que es la mujer más inteligente que conozco (ella no se enteró hasta ayer de que lo digo), decidió hacer un experimento y reunir a tres de sus amigas (Marian, Leles y yo) que no nos conocíamos de nada. Las tres nos entusiasmamos con la idea y hoy hemos compartido unas horas inolvidables. Y seguiremos…
Las patas de cualquiera de los muebles que he mencionado más arriba acostumbran a ser iguales: bien, pues nosotras también los somos.
¿Qué cuatro cosas tienen en común estas cuatro mujeres?
La sonrisa.
La satisfacción de haber encontrado algo que andaban buscando hace tiempo sin saberlo.
La alegría de quien acaba de darse cuenta de que, en adelante, el mundo se sostendrá sobre cuatro patas y será un lugar más seguro.
Y… las cuatro se han olvidado de pintarse los labios.
Pero Leles se ha dado cuenta al ver la foto, ha sacado del bolso una barra de carmín fucsia… et voilà! Preparadas para el selfie.
El Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España, Carlos Espinosa de los Monteros, ofreció ayer en Zaragoza una conferencia que fue presentada por la directora de la Obra Social de Ibercaja, Teresa Fernández, y por el director de Aragón Exterior, Ignacio Martínez de Albornoz. El objetivo de la Marca España es mejorar la imagen de nuestro país, tanto en el interior como más allá de nuestras fronteras. Espinosa de los Monteros habló de valores que se le reconocen sobradamente a nuestro país, como la solidaridad, la hospitalidad, la simpatía, y de otros en los que debe mejorar notablemente, entre ellos, el respeto a la palabra dada.
Precisamente esa virtud que España aspira alcanzar de aquí a 2020 es la que ha caracterizado principalmente a los aragoneses desde sus orígenes: la nobleza.
Nobleza, en Aragón, es el respeto a la palabra dada. Según Joaquín Costa, el derecho es lo que define a Aragón. Aunque en su día desapareció el Reino de Aragón, el derecho civil sobrevivió a la ordenación jurídica y, lo más importante, en cada persona y en cada familia. El derecho aragonés se basa en la expresión “Standum est chartae”, estar a lo pactado. Es un aspecto esencial de la identidad aragonesa. Y estar a lo pactado significa “no te voy a engañar”.
«La imaginación es más importante que el conocimiento», decía Albert Einstein. Esa afirmación resulta mucho más evidente en un mundo donde el conocimiento está al alcance de un clic. La directora de Orientación del Colegio Mare de Deu del Angels de Barcelona, Nuria Sánchez–Povedano, se preguntaba en una conferencia que impartió recientemente en Zaragoza: “¿Cómo podemos educar para un mundo que ni siquiera podemos imaginar?” y respondía: “La estrategia que necesitarán para solucionar los retos que se les planteen, sea cual sea ese mundo al que nos dirigimos, es que estén preparados para pensar”. Cada individuo posee fortalezas distintas y, por consiguiente, lo más importante es ofrecerle la mayor riqueza de estímulos y oportunidades para que alcance a la excelencia.
Ser creativos forma parte de nuestro estado natural y, no obstante, si no reforzamos ese talento con el entrenamiento y los instrumentos adecuados, jamás podremos desarrollar todo nuestro potencial.
Robert Dilts, consultor de Programación Neurolingüística, define la creatividad como la capacidad de “idear algo nuevo y materializarlo”. Es necesario, dice, “aportar herramientas para cumplir los sueños, no solo soñar”. Walt Disney afirmaba que una persona creativa era un soñador realista y crítico. Los procesos de creatividad se caracterizan por un nivel elevado de intuición, capacidad de percepción, flexibilidad, capacidad de asociación, capacidad crítica, esfuerzo, planificación, perseverancia y valentía.
El pensamiento divergente nos permite encontrar respuestas múltiples a una sola pregunta, distintos usos a un mismo producto… ¿Cómo podemos mejorar el pensamiento divergente y, por tanto, la creatividad?
En el seminario Creatividad y talento creador, organizado por el IAF daremos las claves para detectar y potenciar la creatividad y el talento individual, tanto en el ámbito personal como en el empresarial, y entrenaremos el pensamiento divergente y la inspiración.
“La culminación de la inteligencia no es el conocimiento, sino la bondad”, dijo el filósofo José Antonio Marina este jueves en Zaragoza. Para él, el sistema educativo se ha equivocado en la jerarquía de los asuntos: ha puesto siempre la verdad como objetivo y, de esta manera, hemos progresado en ciencia y en otras materias de conocimiento, pero hemos fracasado en resolver problemas fundamentales que se habrían resuelto si el objetivo hubiera sido la bondad.
Una persona buena es “una persona que sabe cuál es la mejor solución a un problema que afecta a una comunidad y, además, tiene la valentía de ponerla en marcha”. La función de la inteligencia “no es conocer –aseveró el filósofo–, sino dirigir bien el comportamiento aprovechando la mejor información posible, gestionando las emociones y ejecutando las decisiones”.
“De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda”, escribió el aragonés Baltasar Gracián, y ayer lo citó José Antonio Marina para ilustrar la importancia de las emociones y los valores en el desarrollo del talento. La capacidad de generar talento es hoy la principal fuente de prosperidad y nivel de vida de un país, y es necesario generarlo, apuntó Marina. Pero hablar del talento no es hablar de inteligencia, sino del uso de la inteligencia. Definió el talento como “la capacidad de elegir bien las metas y movilizar los conocimientos emociones y decisiones necesarias para alcanzarlas”.
Todos necesitamos sentir que progresamos, sentir que ampliamos nuestro campo de acción, y para ello hemos de ponernos metas. “Mediante las metas nos seducimos desde lejos con un proyecto bello, porque no estamos hechos para la mediocridad”, dijo José Antonio Marina y subrayó que es importante no perder en ningún momento el significado de lo que estamos haciendo, no olvidar que estamos en el camino hacia esa meta.
José Antonio Marina ama la poesía porque cree que ilumina la realidad, «nos descubre los pequeños tesoros que están en las cosas y nos pasan inadvertidos y nos hace ver lo cotidiano de un modo más brillante, más emocionante, más divertido». Y ama el baile (quiso ser bailarín) por la capacidad que tiene de transformar el esfuerzo en una cosa bella, algo que, según él, no se da solo en el baile, también se da en el pensamiento, en las relaciones y, por supuesto, en el aprendizaje.
Estamos en la era del aprendizaje, la era que nos exige a todos el esfuerzo de seguir aprendiendo cada día y para siempre; sin embargo, ese esfuerzo “no es una condena sino una bendición que nos mantiene jóvenes”. Puesto que hemos de seguir aprendiendo, ¿por qué no nos ponemos como objetivo la bondad?
José Antonio Marina en Patio de la Infanta de Ibercaja junto con la directora de la Obra Social, Teresa Fernández, y la responsable del Ciclo «Educar para el futuro», Ana Farré.