Archivo de la categoría: Vida

Mis padres

Cuando mis hermanos y yo éramos niños, ellos colaboraban con los Reyes Magos para que no nos faltara ningún juguete de los que pedíamos. Los recogían de ese mismo balcón al que se asoman en la foto y los llevaban al pasillo de nuestras habitaciones para que nosotros no pasáramos frío.

Gracias por esos inolvidables días de Reyes llenos de emoción.

Gracias por esos juguetes y gracias por todo lo que nos seguís regalando. Gracias por ser para nosotros un ejemplo de honradez, de responsabilidad, de respeto, de humildad, de caridad, de justicia, de valentía, de fe y de amor.

Gracias por seguir en casa esperándonos, reuniéndonos, acogiéndonos, cuidándonos.

Gracias por respetarnos y por intentar comprendernos.

Os amo

(Mi querido primo y amigo Toño Vicén me envió esta preciosa foto que me ha servido de excusa para escribir estas líneas. Gracias, Toño)

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Salud, amor y generosidad para 2015

Mi marido me hizo esta foto una mañana de octubre de 2014. No sabía en ese instante que un deseo que expresaría pocas horas más tarde alcanzaría a una persona (a la cual yo no conocía) que se interesaría por cumplirlo. Él no me dijo nada; lo supe por un amigo. 

Que vuestros deseos alcancen siempre los oídos y los corazones de quienes estén dispuestos a ayudaros a cumplirlos.

Que tengamos sensibilidad y amor para escuchar los deseos de los demás, y valor y generosidad para contribuir a hacerlos realidad.

Os deseo salud, amor y generosidad para 2015.

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Queridísimo Luis: GRACIAS

«Maribel Verdú es una lectora inagotable desde que era niña. En los primeros años que la conocí hablaba de Scott Fitzgerald o Truman Capote. Le hacía ilusión que le regalara libros dedicados de Ignacio Martínez de Pisón, Mariano Gistaín, Javier Tomeo, Antón Castro, David Trueba, Bernardo Atxaga, Enrique Vila-Matas o Antonio Muñoz Molina. Y, luego, aún le hacía más ilusión conocer a los escritores que leía. Maribel siempre va acompañada de un par de libros. Cuando un libro le vuelve loca enseguida nos enteramos todos los amigos. Maribel no es de las que esconde sus mejores emociones. Uno de esos libros fue ‘Pétalos de luna’, la primera novela en solitario de María Pilar Clau. Para ella fue un placer presentarla en La casa del libro de Madrid, el año pasado, junto a Jorge Sanz. El público que asistió no estaba acostumbrado a escuchar a Maribel detallando el encanto de una novela».

Lo escribe el grandísimo Luis Alegre y lo publica en el Heraldo de Aragón del domingo 7 de diciembre y en Huffingtonpost. Es el comienzo del artículo «Eva y Felix» dedicado a la preciosa librería «Los portadores de sueños» en su décimo cumpleaños. Desde aquí aprovecho también para felicitarlos de todo corazón y para desearles que cumplan muchísimos muchísimos más. Cuando publiquen «Pétalos de luna» en papel querré presentarla en vuestra librería. ¿Me dejaréis? Espero que sea muy pronto.

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La propagación de la escritura

Lo maravilloso de escribir es escribir, sin más. Pero cuando el escrito está acabado, viene ese delicioso reposo que consiste en no estarse quieto y en el cual cada acción se refleja y se propaga como cuantos de luz, como fotones.

Y así es que un año y medio después de su publicación en ebook, continuo gozando de las muchas alegrías que me proporciona «Pétalos de luna«. Participar en el Congreso del Libro Electrónico fue una de las grandes, y las grandes tienen muchas irradiaciones. Hoy, por ejemplo, he recibido dos fotones (valen aquí las dos acepciones de la palabra; la que está en el diccionario y la que se entiende como buenísima foto). Primero, Eli Río ha publicado en un grupo de whatsApp que compartimos un foto de la página de El Cruzado Aragonés donde se muestra un momento para mí muy feliz del Congreso: cuando conocí a Luz Gabás y me reencontré con Antón Castro y con Esteban Navarro. Y hace un rato, otra alegría: Lolo Sampedro, la directora de El Cruzado y buena amiga, me ha enviado la foto original. 

Muchas gracias, Lolo, por la publicación de El Cruzado, y muchas gracias a las dos por ese gesto tan bonito de enviarme las fotos.

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Lo mejor de mi cumpleaños sois vosotros

Hoy es mi cumpleaños y lo he celebrado de una manera muy especial, comiendo con mi marido ¡y con mi sobrino Pablo!
Hemos disfrutado muchísimo. A Pablo le encantan los helados, pero no le gustan fríos, así que hemos tenido que inventar otra modalidad. Ni siquiera eso es imposible cuando se trata de hacer felices a aquellos a quienes amamos.

Hoy es mi cumpleaños y soy muy feliz porque vosotros estáis enviándome mensajes en los que me deseáis que sea feliz. Y estoy rebosante de amor y de cariño porque estoy recibiendo amor y cariño a raudales en vuestras llamadas y en vuestros mensajes. Nada hace más feliz que amar.

Lo mejor de mi cumpleaños sois vosotros: todos los que me llamáis, los que me enviáis whatsapps, los que me felicitáis en las redes, los que os acordáis de mí pero no podéis llamarme o escribirme, los que me queréis pero no sabéis que es mi cumpleaños…

Gracias a mis queridos amigos de la Carroza Parramaca, a las «epipoteas», a los «incondicionales», a todos mis amigos de Facebook, a los que leéis lo que escribo en este blog, a mis seguidores de Twitter, a los que me enviáis mensajes, a los que me llamáis, a los que estáis leyendo mi novela…  Gracias por mover mi corazón, por agrandarlo, por poner a mil mi batería del amor.

Cuando le he dicho a Pablo que la patata frita que me daba era la mejor, me ha respondido: «es que te quiero tanto, que quiero darte siempre lo mejor». ¡Cuántas lecciones me da mi sobrino a sus  cuatro añitos!

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El misterio

El comienzo de este verano ha sido para mí tiempo de introspección; tiempo de silencio, de escucha, de lectura, de espera. No ha sido una cuestión de voluntad ni, por supuesto, de apatía; ha sido un verme de pronto deslumbrada por tantas cosas a mi alrededor, que necesitaba conocerlas y reconocerlas, admirarlas, familiarizarme de nuevo con ellas.

El comienzo de verano ha sido para mí tiempo de misterios y de observarlos hasta que, en ocasiones, estos llegaran a revelarse.

Tiempo de advertir que el propio tiempo es una broma que todos nos hemos creído hasta el punto de condicionar a ella nuestras vidas y nuestra piel.

Al tiempo le gusta jugar al escondite; sin embargo, nosotros no nos hemos dado cuenta de ello y no lo hemos buscado porque hemos creído que se va para siempre.

Incluso aprovechamos el tiempo para culparlo de casi todo.

Siempre subordinante y condicionante, llegamos a mirarlo como enemigo que domina nuestras vidas cuando podemos hacerlo subordinado, condicionado y fiel aliado. La paciencia es el secreto.

El fin de este largo silencio ha sido la primera fiesta de este verano, la del cumpleaños de Piti y de José. No sé si ha sido eso la que me ha dictado estas líneas sobre el tiempo. No lo sé. Quizá más que el cumpleaños y que la fiesta, fueron algunas cosas bonitas que allí sucedieron, o tal vez el quedarme ayer unos segundos preciosos ante la eternidad.

Y es que el tiempo de silencio prepara para que estas cosas no pasen inadvertidas.

BlogGracias a todos los que me habéis escrito o llamado para preguntarme cómo estoy porque no escribo. Aquí estoy de nuevo. Dispuesta a combinar el silencio y la escucha con las palabras sin dejar que se me escape el misterio.

Virus

Después de que me atacaran unas fiebres virulentísimas que me han tenido postrada catorce días y otros siete entre aturdida y exhausta, justo el primero en que me por fin me despierto con algo de energía y me dispongo a empezar la semana con fuerzas renovadas (y apenas nacidas), otro virus acecha a la vuelta de la esquina.

Me siento delante del ordenador, abro el correo y ¡estupendo! veo el mensaje que estaba esperando hace unos días.

Hola,
Echa un vistazo a estos accesorios que le envié a través de los documentos de Google. Para el acceso inmediato CLICK AQUI y firmar con su correo electrónico.
Respetuosamente,

Extrañamente respetuoso me ha parecido, pero como lo que importaba eran los documentos, me he lanzado a por ellos. Y allí, justo allí, me estaba esperando. A mí no me dañado esta vez, será que me inmunicé con las fiebres, pero ¡ay! el email infectado ha ido a parar a todos las direcciones que estaban en mi cuenta. Se me ha aparecido en forma de unos chalets en venta que no sabría decirles si bonitos o feos, si caros o baratos… porque en cuanto los he visto he empezado a temblar. No era eso lo que yo esperaba.

Al cabo de un par de horas, he comenzado a sentir el efecto del virus en forma de múltiples mensajes que me traían diferentes tonos y maneras: los había simpáticos, turbadores, profesionales, largos y amables, escuetos, generosos, indulgentes, asustados, geniales, secos, temerosos, comprensivos, cariñosos, emocionantes… Los emails se alternaban con whatsapps que, igual que los anteriores, comunicaban lo mismo de diferentes modos (estos, en general, más escuetos, aunque más repetitivos, y bastante graciosos), y también con algunas llamadas (todas ellas profesionales y entrañables, sobre todo, muy entrañables).

Pasado el día, he acabado alegrándome de haber abierto esos falsos documentos porque me han brindado la posibilidad de hablar con personas con los que hacía tiempo que no hablaba, de recordar a otras que es una suerte tener entre mis contactos, de consolar, de emocionarme, de conocer más cosas sobre algunos y algunas en concreto y, en general, de saber más cosas sobre el género humano. ¡Y hasta ha habido quien ha aprovechado la ocasión para concertar conmigo una cita profesional! ¡Vivan los que saben vivir y ver las oportunidades en un virus! ¡También me ha servido para ganar algún seguidor en Twitter y en mi página de Facebook! Y para pensar que también de las fiebres he debido de sacar algo bueno. Y… así fue, en efecto, perdí unos kilos, recibí muchos mimos… y hoy, que he estrenado nuevas fuerzas, me he dado cuenta de lo importante que es apreciarlas, aprovecharlas y no olvidarnos de cuidarlas cuando las tenemos.

Gracias a todos los que me habéis escrito o llamado con tanto cariño después de recibir el virus.

Pilar 2

La Primera dama

Margarita miraba atentamente a la Primera dama; estaba maravillada con su sonrisa resplandeciente y con sus grandes ojos negros tan bien maquillados, aunque no le habría hecho falta pintárselos tanto porque bastante guapa era ya. Observaba su cara redondita ahora tan alegre y otrora tan llena de lágrimas o tan enfadada. Se acordaba hasta de las notas que hacía salir de su saxofón mientras lloraba, y de la fusta con la que obligaba a galopar a su caballo cuando se enfurecía.

–Cuánto me alegro –dijo emocionada–. Ya se merecía esta chica ser tan feliz, casarse con este hombre tan bueno y tan rico que hasta la lleva a cenar con los reyes de España. ¡Con todo lo que sufrió con aquel otro! ¡La dejó plantada en el altar! Reconozco que a mí me gustaba mucho cómo tocaba el saxofón, pero estaba siempre tan triste. ¡Y cuando montaba a caballo tan furiosa! ¡Cielo santo! Podría haber tenido un accidente irreparable. Entonces sí que lo pasaba mal, la pobre.

Elízabeth la miraba con pena mientras pasaba el trapo del polvo por encima de las sillas lentamente, como si las acariciara.

–No, señora Margarita, aquello que usted dice no era de verdad; era una telenovela. La señora era una actriz. Aquella tristeza era de mentira. Lo que sí es de verdad es esto: la señora Angélica se casó con el presidente de México y ahora es la Primera dama de su país. Hasta cena con los reyes de España.

Margarita seguía atenta al televisor.

–Pero, ¿qué dicen? ¿Va a ser ella ahora ella la reina de España?

–No, señora Margarita –respondió Elízabeth–, la reina va a ser doña Letizia, la que está al lado de doña Sofía.

Claudia entró con la bolsa de la compra. Claudia estaba siempre llena de energía. Las mismas chispas que saltaban de sus ojos castaños se desprendían también de sus gestos y de todos sus movimientos. Era todo armonía. Menuda, igual que Margarita; algo en ella anticipaba un parecido con su madre que no se había consumado todavía. Tenía Claudia cuarenta y dos años, pero la juventud se aferraba a su piel y a sus rasgos. Nadie le daba más de treinta y dos. Repartió lo que traía entre la nevera y los armarios de la cocina, fue al salón, besó a su madre en la mejilla y dio los buenos días a Elízabeth.

–¡Hija! Me alegra que hayas llegado justo ahora. Mira –le dijo señalándole el televisor–. ¿Tú te acuerdas de esa pobre chica a la que su novio abandonó en el altar?

–No, señora Claudia –intervino Elízabeth–, aquello pasó en una telenovela, pero su mamá se cree que fue de verdad. Lo que ocurre es que esa señora era una actriz y ahora pues se ha casado con el presidente de México.

 Claudia sonrío y le dio a su madre una cajita de cerezas.

–¡Ay qué ricas! ¡Son las primeras que como este año! Mira, cariño –continuó mientras iba comiendo las cerezas–, esa pobre chica padeció muchísimo por culpa de un hombre, y ahora, ¿ves? Se ha casado ni más ni menos que con el presidente de México. ¡Y los reyes de España la han invitado a cenar!

Elízabeth miró a Margarita con una mezcla de lástima e impaciencia. No le pasó inadvertido a la señora el gesto de su cuidadora. De pronto, se volvió a ella:

–A ver. Y tú que tan segura estás de que lo que le pasaba a esta chica era una telenovela, ¿cómo sabes que esto que estamos viendo ahora le está pasando de verdad y no es también una telenovela? Si, total, las dos cosas las vemos por la tele.

Claudia soltó una carcajada y Elízabeth quedó tan asombrada por la agudeza de Margarita que no supo qué responder. Apretó los labios y encogió los hombros.

–Pues tiene razón la señora –murmuró mientras seguía pasando el trapo del polvo por las sillas– ¿Quién sabrá?

Angélica Rivera

Felicidades, papá

Hoy es el cumpleaños de papá.

Cuando lo hemos felicitado esta mañana, mi marido le ha dado las gracias por ser un ejemplo para nosotros. ¡Qué bien lo ha dicho! Él es un ejemplo en todo: en integridad, en honradez, en sabiduría, en respeto, en responsabilidad, en generosidad, en bondad, en justicia, en humildad…

Cuando he conocido a alguien que estudió con él, me ha dicho que tenía una inteligencia brillante o que era el mejor en Matemáticas. Quienes lo vieron jugar al fútbol me dicen que no había un jugador mejor que él. Yo digo que no se puede tener mejor padre.

La frase que más me ha repetido : «Haz bien y no mires a quién»

Te quiero, papá.

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