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Con los ojos con cerrados y de la mano amiga

“Al final de las vocaciones suele haber un gran profesor. Un profesor es como un cineasta”, dice David Trueba cuando habla de su película “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, que se estrena hoy.

Al final de mi vocación, la Literatura, hay un gran profesor: don José Arlegui.  Se entusiasmaba con mis comentarios de textos literarios y no entendía que pudiera dedicarme a otra cosa que no fuera a la Literatura. Una mañana, tras pedirme que leyera ante mis compañeros el comentario que había escrito sobre un poema de Antonio Machado, me convenció para que estudiara Filología hispánica. Y aunque no he hecho de ella (al menos, de momento) mi profesión, la Literatura es para mí “la veste pura y el palpitar suave de la mano amiga”.

Este era el poema:

Desde el umbral de un sueño me llamaron… 
Era la buena voz, la voz querida. 
    -Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?…. 
Llegó a mi corazón una caricia. 
    -Contigo siempre….Y avancé en mi sueño 
por una larga, escueta galería, 
sintiendo el roce de la veste pura 
y el palpitar suave de la mano amiga.

Antonio Machado (Soledades, galerías y otros poemas, 1907)

Y esta la película de David Trueba que os recomiendo:

La amistad y la familia

Cada amigo es un universo especial de emociones y experiencias con el cual compartimos una forma única de experimentar la vida. Cuando un amigo nos presenta a la familia, esa indispensable materia prima con la que construimos la vida, esos dos mundos de conexión e intimidad (familia y amigos) forjan una alianza que proporciona al alma una seguridad profunda e incondicional.

Antón, Dani y Cuchi conocieron a mi familia el pasado 19 de enero, y esa fecha quedó señalada en mi corazón. Luis, cuando vino a entregarme el ramo de novia, un 13 de junio, día de San Antonio. El 26 de octubre (el pasado sábado) Antón, Dani (hijo de Antón), Cuchi, Luis, Ángel, Mariano (mi marido) y yo celebramos esa rica unión de amistad y familia gracias a Jorge, que fue quien trajo a los suyos esta vez.

Con Jorge. 26 de octubre.

Con Jorge. 26 de octubre.

Marca personal

Esta semana asistí a un curso que impartía Esmeralda Díaz-Aroca, una mujer encantadora y una excelente profesional del marketing. Durante un ejercicio, José María Moncasi, un compañero de Dircom, le sugirió que “googleara” mi nombre. Esa misma noche, Esmeralda me mencionaba en un tuit: “@MariaPilarClau impresionada me dejaste con tu posicionamiento de #marcapersonal!!!”

Y a mí me dejó impresionada su impresión. Tal vez porque dicho “posicionamiento” no es fruto del objetivo de crearme una marca personal (que me llega como un regalo), sino del deseo de comunicarme con los demás, de leer lo que otros escriben y de escribir aquello que creo que va a gustar o va a servir de algo a los que lo leen. Nace de mi respeto por las personas y de mi interés por la comunicación y por las relaciones humanas.

No voy a decir que los objetivos no sean una parte importante de los proyectos, de las estrategias; sin embargo, si miramos solo a la meta puede suceder que nos perdamos la belleza del paisaje por el que transitamos, o de las personas con que nos encontramos en él. Y aún peor, puede suceder que se evapore nuestra esencia, que somos nosotros mismos, nuestro ser de personas únicas e insustituibles, y que se desvanezcan los principios que, al cabo, son los pilares que han de sostener luego nuestros logros.

Para mí, lo primero son los principios y las personas, después está el objetivo. Ocurre así que a veces el objetivo se alcanza antes de lo esperado, y que las personas con las que te encuentras te hacen regalos tan entrañables y necesarios como su escucha o sus palabras, su afecto y su confianza. Y entonces el posicionamiento viene solo.

Gracias, queridos amigos, porque lo que dejó impresionada a Esmeralda fuisteis vosotros y no yo. 

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Simpatía y empatía

Según mis padres y mi DNI, nací un 15 de octubre, fecha en la que se celebra la festividad de una gran santa y escritora, Santa Teresa de Jesús. También un 15 de octubre, el del año 77 antes de Cristo, nació Virgilio, autor de La Eneida, una magnífica epopeya que llegué a saberme casi de memoria de tanto usarla en mis clases de Latín. Durante más de una década, desde que estudiaba primero de Filología, y mientras ya ejercía como periodista, dar clases particulares de Latín era en mi vida un hábito tan arraigado y casi tan necesario como lo eran levantarme por las mañanas, comer, llamar por teléfono a mis padres o quedar con mis amigos.

Era una cuestión de máxima importancia para mí que los conocimientos que había adquirido, que mis habilidades y que mi propia experiencia ayudaran a otros a conseguir su objetivo (y el de sus padres): aprobar.

Ser a un tiempo estudiante y profesora era una gran ventaja porque no me costaba nada ponerme en el lugar de mis alumnos: los escuchaba, los observaba y descubría así tanto sus fortalezas como sus debilidades. Las primeras me servían para elevarlos por encima de las segundas de manera que estas últimas no supusieran ningún obstáculo para lograr su propósito. Todos eran muy inteligentes, alguno adolecía de dificultades para concentrarse, otro para memorizar, otro para distinguir entre dos formas verbales…  y a otros, simplemente, no les gustaba el Latín. Partiendo siempre de lo mejor que tenía cada cual, me dedicaba con unos a trabajar la concentración, a otros les enseñaba trucos para recordar o para distinguir los verbos… y a otros intentaba contagiarles mi amor por el Latín explicándoles con detalle el proceso por el cual yo me enamoré de esta lengua.

No quisiera escribir algo que no sea verdad y les aseguro que no recuerdo que ningún alumno suspendiera (ni Latín, ni otras asignaturas que les daba).  El secreto no estaba mis conocimientos (al menos yo nunca lo creí), el secreto estaba en dos palabras griegas συμπάθεια (simpatía) y ἐμπαθής (empatía). El afecto y la identificación con el otro eran lo primero, después venía la transmisión de conocimientos y, a continuación, el buen resultado.

Cuando el trabajo ya no me dejaba tiempo para ello, tuve que dejar las clases. Las añoré durante mucho tiempo. Por suerte ahora también doy otros cursos y, aunque las materias son distintas, ni el afecto ni la identificación han cambiado.

Anoche un amigo escribió dos comentarios en uno de mis post de Facebook:

“Tuve una profesora de Latín estupendísima, te acuerdas?? Lograste que Domeño me aprobara!!! ya no se sí por mis análisis y traducciones del Libro de las Galias o por que le caías muy bien, sería por eso!!! Ahora me dedico a las ciencias ya ves tú un… besazo».
Rosa rosae me gustó gracias a ti, aún te veo como una profesora, eh!! Jaja con cierto respeto…. «

Me emocionó recordarlo, y me hizo mucha gracia eso de de “con cierto respeto”. Yo también conservo siempre un respeto especial por quienes son y han sido mis alumnos.  ¡Gracias Toño, por ese comentario tan sorprendente!

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Fiesta sorpresa

Lourdes, la hermana de mi cuñada, organizó una fiesta sorpresa para celebrar el cumpleaños de Fran, su marido. Llevaba semanas preparándola. El día señalado (el sábado), gracias a la complicidad de algunos amigos, consiguió que Fran pasara toda la tarde fuera de casa, y así pudo ocuparse de los últimos detalles. Casi había terminado cuando llegaron mi hermano y mi sobrino Pablo (de tres años). Lourdes les pidió que fueran al lugar donde se encontraba Fran, quien nada sospechaba, para distraerle un ratito mientras iban llegando todos los invitados. Así lo hicieron. Pablo iba delante y, tan pronto como vio a Fran, corrió hacia él entusiasmado:

-¡Tío Fran! ¡¡Te están preparando una fiesta sorpresa con globos y todo!!

Pablo con su padre (mi hermano)

Pablo con su padre (mi hermano)

Y dijo Maribel Verdú de «Pétalos de luna»:

“Pétalos del luna” me ha fascinado. Estoy segura de que aquí hay una gran película y yo quiero interpretar uno de los dos papeles femeninos: el de Clara o el de Noelia. No me importa cuál, pero uno de los dos.

“Pétalos de luna” devuelve el placer de leer una historia bien tramada, en la que palpita la seducción por el acto de contar y de conocer.

“Pétalos de luna” me parece una novela tan original que no encuentro referencias para compararla. Es un choque de egos; la historia de una pasión desgarradora que evoca la tragedia griega, pero que se desarrolla en nuestros días, con teléfonos móviles, paro, desesperación y este tiempo que a veces parece volar y otras se estanca en una ciénaga de días eternos porque esperas una llamada que nunca llega y entonces la conexión y los datos no sirven de nada.

Tal vez uno de los momentos más bonitos e inolvidables de este año sea la noche en que Maribel Verdú me llamó por teléfono entusiasmada después de leer «Pétalos de luna». «Me ha encantado, no; mucho más que eso. ¡Es maravillosa!» No cabían en el acto de presentación tantas cosas bonitas como me dijo por teléfono; pero que veía la novela convertida en una gran película y que ella quería ser una de las dos mujeres, Clara o Noelia, eso sí lo repitió.

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Abuela bantú, padre tirolés, madre esquimal

¿Alguien recuerda todavía las barajas de familias? Abuelo bantú, madre china, hija árabe, padre tirolés… Cuánto me gustaba jugar con aquellos naipes cuyos unos personajes, todos ellos alegres, trabajadores y valientes, parecían ponerse contentos cada vez que llegaban a mis manos y me decidía a completar su familia. Además de divertirme mucho, gracias a esa baraja supe que existían los bantúes, que los tiroleses tocaban instrumentos musicales, o que los esquimales pescaban en el hielo.

El  Encuentro Internacional que Aragón Exterior (Arex) ha celebrado esta semana en Zaragoza evocaba ese delicioso juego. La cita ha reunido a los delegados que Arex tiene en distintas partes del mundo (China, Argentina, México, Sudeste asiático, Bulgaria, Rusia…) y que se ocupan de  acompañar en el país de destino a las empresas aragonesas que desean abrir nuevos mercados en el extranjero. Más de mil empresarios han acudido estos días a entrevistarse con ellos y a conocer las ventajas y desventajas que les ofrecen las particularidades de cada territorio.

Los delegados, tan encantadores como los personajes de aquella baraja, han pasado tres días consecutivos atendiendo uno tras otro a todos los empresarios que lo solicitaban. Gracias a ellos he sabido que en Malasia se construye sin parar; que apenas existe el paro en los países del Sudeste asiático; que los indonesios son coquetos y que les gusta la perfumería y la ropa; que México es un proveedor estratégico para EEUU e Iberoamérica en el  sector del automóvil, y que es el principal exportador de pantallas planas de televisión en el mundo y el tercer país exportador de teléfonos móviles; que  hay catorce millones de judíos en el planeta y la mitad viven en Israel; que Turquía es un país olvidado por las empresas de la Unión Europea a pesar de sus cien millones de consumidores y de las grandes oportunidades de negocio que ofrece, etc.

Cuando creó la baraja de familias, Félix Alfaro Fournier, que llevaba décadas fabricando “baraja española”, ya estaba “familiarizado” con el éxito internacional. Quizá con aquellos naipes tan innovadores quiso, como buen hombre de cartas, hacer un guiño a los niños-futuros empresarios de aquella generación: el juego-negocio no estaba solo en su país sino en el mundo. Justo lo que han venido a decir los delegados.

PD. Yo les doy la razón. De momento, mi novela “Pétalos de luna” ya la compran todo el mundo.

Con delegados y compañeros de Aragón Exterior

Con delegados y compañeros de Aragón Exterior

 

Encuentros

El verano me ha mantenido alejada de Internet. No porque me lo propusiera, en absoluto. Fue la vida; la vida prevista y la imprevista se conchabaron para robarme el tiempo y el pensamiento necesario para pasar aquí un ratito. Quizá mejor debería decir que previstos e imprevistos se aliaron para obligarme a ejercer a tiempo completo mis responsabilidades de carne y hueso. Ha sido un ejercicio gratísimo que me ha llenado de paz y de alegría y que me ha enseñado muchas cosas.

Solo una humanidad sin carne ni hueso (pero sí con mucha alma) ha conducido mi pensamiento y mis emociones a otros confines durante este verano: la de la literatura. Me reencontré con el teatro de Buero Vallejo, con la narrativa de Galdós, de Óscar Wilde, de Sándor Máray, de Virginia Wolf… Y viví con sus personajes en otros lugares y en otros tiempos. Ay… ese ratito dedicado casi cada día a la lectura, tan íntimo y tan universal… Ficción para los sentidos y certidumbre para las emociones.

La última semana del verano, la pasada, fue de trabajo intenso, y cómo no, también de aprendizaje:

Aprendí que la amabilidad, la empatía, las emociones y los sentimientos positivos sirven para innovar en cualquier empresa y para distinguirse.

Que convivir es comunicar y que las relaciones comerciales también son comunicación.

Que competir no es machacar al otro, sino ser diferente al otro, distinguirse, ofrecer algo diferente a lo que ofrecen los demás.

Que ser creativo es saber conectar ideas, conocimientos, pensamientos.

Que muchos chinos no saben que existe España.

Que los rusos son fríos, pero amantes de las relaciones humanas y honrados. ¡Y que pagan siempre por adelantado!

Que Japón quiere ponerse de moda.

Que cada aprendizaje es un descubrimiento y es un encuentro.

La semana pasada me encontré con personas a las que había visto aquí, o en Facebook, o en Twitter y fue un placer. Y hoy es un placer volver aquí con tanta ilusión y tantas ganas de encontrarme con cada uno de vosotros. ¡Gracias por seguir aquí!

Un instante muy feliz de este verano: estoy con Pablo, con Blanca, con María...

Un instante muy feliz de este verano: estoy con Pablo, con Blanca, con María…

Pregón Fiestas de Laluenga 2013

He tenido el privilegio de ser pregonera de las Fiestas de Laluenga 2013. Este es el pregón que he leído hoy a las 12 horas desde el balcón del Ayuntamiento. 

Queridos vecinos, amigos y familia:

No hay honor comparable al que le otorgan a una en su propio pueblo, y ser pregonera de las fiestas de Laluenga es para mí el mayor privilegio que puedo recibir. No sé si lo merezco, pero me siento orgullosa, feliz y henchida de gratitud.

Laluenga está en el mejor punto del planeta, decía mi abuelo. Y yo sé que tenía toda la razón. Me asomo a la terraza y admiro nuestros campos, nuestro cielo, las montañas que otean envidiosas, el Pueyo, que nos ha reservado su cara más espléndida. Pozos, huertos, balsas, eras y caminos. Laluenga está en mí, como decía Borges, “igual que un poema que aún no he podido contener en palabras”.

Tenemos una historia milenaria y un rico patrimonio cultural. Nuestra hospitalidad proverbial acogió a San Antonio de Padua. De la fértil savia de Laluenga dimanan personajes tan ilustres como Basilio Paraíso, al cual debe mucho Aragón, España y hasta el comercio internacional. Pero lo que hizo más insigne a Paraíso a nuestros ojos fue que nunca se olvidó de su pueblo natal.

Esta tierra de Laluenga en la que se hallan clavadas nuestras raíces ha producido este año una cosecha como no se recuerda. ¡Y vamos a celebrarlo! Y vamos también a dar las gracias porque tal vez lo extraordinario de la siega se deba a las rogativas que las mujeres hicieron el año pasado. Es justo que demos las gracias como es justo que no olvide en este pregón a la patrona a la cual veneramos con nuestras fiestas: Santa María Magdalena.

Nos han hablado de la pecadora, de la arrepentida… María Magdalena fue una mujer que buscó desesperadamente el Amor y, cuando por fin lo encontró, fue la que más amó, la más fiel, la más entregada. Amó al humillado, al condenado, al moribundo, amó a Jesús hasta su trágica soledad en la muerte. No es extraño pues que sea patrona de Laluenga una mujer tan real, tan viva; un corazón de fuego al que le fue dado ver la Luz invencible.

Querido pueblo: La fiesta va a comenzar. Nuestra voluntad está dispuesta a dejarse subyugar igual que cuando comenzamos a leer una novela o estamos a punto de ver una gran ópera. Nuestro ánimo está presto a sumergirse en el alma de lo que le espera en estos días anhelados todo el año. La emoción nos arrebata. Belleza y misterio estallan y nos acercan, por unos días de eternidad, al absoluto, al sentido más profundo de la vida, ese que explica y justifica nuestra existencia.

Puesto que estamos en esta plaza, la plaza de nuestros recreos y de nuestros primeros bailes, permitidme que acabe con unas palabras de aquel a quien debe su nombre:

“El porvenir visto desde lo alto de la cuesta de la vida suele ofrecer perspectivas de vértigo. El porvenir es vuestro. Lo único que yo podría pediros es que lo encadenarais al bien, a la prosperidad y al engrandecimiento de este pedazo de tierra donde hemos recibido las primeras caricias, donde viven nuestros amores y donde reposan las cenizas de los que amamos y nos abandonaron”.

Por mi parte, lo único que voy a pediros es que disfrutéis, y que encadenéis el hechizo, la fraternidad, la emoción compartida de las fiestas, al engrandecimiento de este pedazo de pueblo que es mi mejor sueño.

¡Viva Laluenga!

¡Viva Santa María Magdalena!

PILARcOMISIÓN

Las causalidades efectivas

Quienes no creemos en la casualidad sino en las causas y los efectos aprovechamos cualquier circunstancia, por simple que parezca o por difícil o dura que sea, para seducir a los imprevistos y conseguir que se pongan de nuestra parte, aunque ello nos exija inventar nuevas historias y vivirlas.

Escribo sobre las elecciones al hilo de un taller organizado por Dircom al cual asistí hace casi dos semanas. Quise hacerlo justo al acabar, pero una faringitis me ha mantenido bajo mínimos durante todos estos días y ni para pensar me han alcanzado las fuerzas. Como la fiebre ya me acompañaba aquella mañana; había dormido mal y no me encontraba con demasiada energía, la primera elección consciente que hube de hacer fue entre acudir o no al taller. Opté por lo primero.

Nada más llegar me sorprendí gratamente con la presencia de una persona a quien sigo en las redes sociales y además admiro mucho: Juan Royo. ¡Buena decisión la primera de la mañana!

Para comenzar el taller, también tuvimos que escoger: tomar una frase de entre muchas que habían expuesto. A continuación, nos agruparon de acuerdo a criterios que desconocíamos y ¡me tocó jugar en equipo con Juan! También con Cristina y con Vanesa.

La parte teórica se presentó con la siguiente frase: “El primer ejercicio nos ha gustado porque elegir nos hacer felices”. No estoy muy de acuerdo con esa frase; yo la pondría entre interrogantes: ¿Elegir nos hace felices? Incluiría este verbo sin interrogantes en esta otra: “Estamos obligados a elegir”, o en esta: “No elegir no es una alternativa”.

Elegir nos hace felices solo a veces, otras veces nos hace perder el tiempo y hay ocasiones en las que elegir puede ser una forma de tortura. Sin embargo, no nos queda otro remedio que hacerlo.

Actuar es elegir y los seres humanos estamos constantemente optando, a veces de manera consciente y otras sin darnos cuenta. Nuestras elecciones se apoyan en los conocimientos que tenemos, en nuestras experiencias; pero también en la imaginación y en la intuición porque casi nunca tenemos todo el conocimiento que es necesario para elegir. Además, nuestros deseos y nuestras emociones intervienen también en cada preferencia.

Lo que nos hace felices no es, desde mi punto de vista, elegir; sino poseer todos los conocimientos necesarios para tomar la alternativa mejor. En caso contrario, elegir solo puede hacernos felices cuando de su resultado no depende nada verdaderamente importante.

Sin embargo, la necesidad de actuar va siempre más allá de nuestros conocimientos y de nuestra imaginación, aunque esta consiga trascender las apariencias inmediatas. Supuesto que nunca disponemos ni del saber ni de la invención que precisamos para diferenciar aquello que más nos conviene, el resultado de nuestras elecciones no es siempre exactamente el esperado. A veces es mejor (como me ocurrió el día al cual me he referido); otras, peor, y muchas, irreconocible de tan lejos que está de la realidad imaginada.

Todas nuestras elecciones están, pues, sujetas a cierto grado de incertidumbre e involuntariedad. Algunos lo llaman casualidad o azar. Otros pensamos que los acasos, lo inesperado, son causas cuyo efecto habrá de beneficiarnos por necesidad en un futuro más o menos lejano. A veces responden a un deseo íntimo que ni siquiera nos hemos atrevido a identificar.

Salí feliz de aquel taller: conocí a Juan; estuve con Mario, con Cristina, con Vanesa y con otros compañeros y amigos; aprendí y me divertí. Y concluí que el privilegio de mi gozo no se lo debía al azar, sino a mi buen tino a la hora de avanzar en ese “laberinto de los efectos y de las causas”, donde, como decía Borges, “la razón no cesará de soñar”.

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