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Feliz Navidad y feliz 2014

Este es para mí quizá el momento de mayor felicidad de este 2013. La foto la hizo Fran Navarro durante la presentación de «Pétalos de luna«. Un momento fruto de mucho trabajo, esfuerzo, perseverancia, compromiso, deseos de servir y de ayudar, de compartir, de dar lo mejor de mí. Un momento lleno de gratitud, de satisfacción, de alegría, de risas, de excelente compañía, de ilusión y de sueños.

Cada uno de vosotros sois un motivo de esa felicidad; cada Me gusta y cada comentario vuestro. Gracias. Muchas gracias de todo corazón.

Os deseo Feliz Navidad y un año 2014 lleno de momentos tan emocionantes como el que la memoria me trae al ver esta imagen.

En la presentación de "Pétalos de luna" en Madrid el 30 de abril de 2013.

En la presentación de «Pétalos de luna» en Madrid el 30 de abril de 2013.

Cooperar para hacer frente a la deshumanización

El paro es un monstruo de muchas cabezas: la del miedo, la de la pobreza, la de la desesperanza, la de la tristeza, la del dolor, la del abandono, la de la soledad… A cada uno se le van presentando unas y otras en sucesivas fases, cada cual más horrenda que la anterior. Quienes nunca han tenido esta experiencia son, en su mayoría, incapaces de comprender. Los hay que siguen pensando que quien quiere trabajar trabaja. ¡Ay, qué poco conocen estos tiempos! ¡Y qué poco saben de humanidad! Y los hay que experimentan una suerte de regocijo al ver a los que han caído porque, al mirar al compañero parado se sienten “superiores”: ellos son mejores, no los han despedido, incluso quizá les hayan dado algún cargo mejor.  Sin embargo, nadie es superior a nadie excepto por la bondad. Y la bondad está lejos de quien no es capaz de comprender el dolor del otro e intentar ponerle remedio.

En estos días no puedo evitar acordarme de las palabras de un político en un acto de la Navidad de 2010. “Lo peor ha pasado ya -dijo muy ufano-. La crisis ha terminado y este año recuperaremos la bonanza económica”. ¿Qué les parece? Un lince, ¿no?

En verano de 2011 me quedé en paro y padecí los duros embates de la ausencia: ausencia de horarios, de obligaciones laborales, de compañeros, de llamadas… Advertí con horror que ni mis conocimientos ni mi experiencia eran necesarios para nadie. Como me decía esta semana mi compañera y amiga Elena, cualquier ventaja de este talante, lejos de abrir puertas, las cierra, puesto que muchos de quienes todavía conservan sus puestos nos miran a los “freelances”, “autónomos”, “emprendedores”… (llámese como se quiera) como una amenaza y, según Elena, nuestra preparación y nuestras habilidades sociales son inversamente proporcionales a las posibilidades que tenemos de que cuenten con nosotros. A más torpes, más posibilidades.

En 2011 llamé a muchas puertas. A dos de ellas con más ímpetu. Una rechazó de plano mi propuesta después de dos meses de haberme hecho albergar esperanzas; la otra la aceptó y sigo trabajando con ella. La admiro, la respeto y me siento inmensamente privilegiada por trabajar para ella. En cuanto a la primera, que en una de aquellas conversaciones que tuvimos me contó que tenía un puesto fijo, la han despedido en estos días.

He visto (y sigo viendo) caer muchas torres desde hace dos años y medio. También cayó aquel augur que con tanta solemnidad habló en la Navidad de 2010. Me admira la rapidez con que los que miraban hacia abajo han tenido que aprender a mirar hacia arriba. Algunos ni siquiera han aprendido a mirar. Quienes nunca cogían el teléfono ahora esperan desesperadamente que alguien les llame.

En una sola semana han imputado a dos personas que, en diferentes momentos de mi vida, me han dejado sin trabajo; uno, para poner en mi puesto a su novia (otro día lo contaré). Cuando he leído las noticias de las dos imputaciones he pensado que aunque las personas no somos justas, el mundo muchas veces lo es.

Solo en esta semana he recibido la noticia de tres compañeros que se han quedado en paro.  ¿Qué podemos hacer para que cese ya esta sangría? Visto que no podemos confiar en el sistema, que no siente, que no comprende… Bastante trabajo tiene ya con buscar dónde esconder el dinero que se han llevado y con convencer o distraer a la justicia… y a la sociedad. ¡Como si no conociéramos los que trabajamos en Comunicación cómo funcionan esas estrategias de distracción, las preferidas por los malos profesionales!

Visto, como decía, que no podemos confiar en un sistema que nos anula y que nos roba, habremos de poner todos cartas en el asunto y cooperar. Tomar conciencia de que el cambio es lo único seguro; que quien hoy está arriba mañana estará abajo y viceversa, y que, por tanto, es bastante ridículo mirar por encima del hombro a quien hoy no trabaja o a quien ocupa un puesto inferior, porque mañana nuestras posiciones habrán cambiado.

Quien ayuda, quien coopera, tiene más posibilidades de prosperar porque se abre también a la ayuda que el otro le proporciona, porque se gana la gratitud, el respeto y el cariño de los otros (lo cual de por sí ya tiene bastante valor); pero, sobre todo, porque la calidad de la persona no se la confiere el puesto que ocupa en la sociedad, sino su manera de estar en el mundo, su generosidad, su humanidad, su libertad, su humildad, su sabiduría y, en definitiva, su bondad, que es el compendio de todo esto.

La responsabilidad en la toma de decisiones pasa por tener en cuenta a los otros. En no olvidar que tan importante como el “yo” es el “tú”.

“Un placer hacer equipo”,  escribía en Twitter Nerea Vadillo en respuesta a la foto que acababa de publicar Elena Torres y que nos hicimos en la cena de Navidad de Dircom. Me gustó mucho esa respuesta: sin equipo, nos quedamos todos como simples espectadores de una obra dramática chabacana y grotesca.  Un placer disfrutar de la compañía y de la conversación de personas tan encantadoras como Elena y Nerea. Y también de Vanessa, aunque no salga en la foto.

“Un placer hacer equipo”, escribía en Twitter Nerea Vadillo en respuesta a la foto que acababa de publicar Elena Torres y que nos hicimos en la cena de Navidad de Dircom. Me gustó mucho esa respuesta: sin equipo, nos quedamos todos como simples espectadores de una obra dramática chabacana y grotesca. Un placer disfrutar de la compañía y de la conversación de personas tan encantadoras como Elena y Nerea. Y también de Vanessa, aunque no salga en la foto.

Vivir en el mundo como entre amigos

Todos queremos un mundo mejor, un mundo sin guerras, sin hambre, sin enfermedades. Confiamos en la ciencia y en el progreso para que se produzcan los cambios que anhelamos; sin embargo, esa transformación solo se dará cuando cada uno de nosotros miremos a nuestro interior y decidamos sacar lo mejor para darlo a los demás. 

Estar en el mundo como cuando estamos en casa. Vivir con todas las personas como vivimos con los nuestros, con nuestra familia, con nuestros amigos. Comunicar: hacer partícipes a los demás de lo que tenemos, de lo que somos (no lo que queremos aparentar), conversar, establecer medios de acceso entre personas, unir…

Los días en que uno comunica, los días en que uno está rodeado de personas a las que quiere y por quienes siente querido son los mejores días del año. ¿Qué nos impide comunicarnos? Ojalá viviésemos así todos los días.

En casa de Mari Carmen y José Luis, en Calamocha. Con los amigos.

En casa de Mari Carmen y José Luis, en Calamocha, en el mundo. De pie: Javi, Miguel Sánchez, Juan Carlos Meler, José Luis Jiménez, Mayte Roy, Luis Alegre, Andrés Cuartero, Pepe Melero y José Luis Campos. Sentados: Antón Castro, Mari Carmen Layunta, Miguel Mena, Ángel Artal, Mariano Gistaín, Pilar Clau, Loli Torrecilla y David Trueba.

 

Con David Trueba

Con David Trueba

Foto de Miguel Mena

Foto de Miguel Mena

 

«Todo parece imposible hasta que se hace» (Nelson Mandela)

Las conquistas, los logros, las grandes ambiciones, solo tienen valor si contribuyen al bien común. Los gigantes de la historia son hombres de marcado carácter cuyos méritos y triunfos sobrevivirán a su época y a todas las épocas porque su historia es nuestra historia. Gracias, Nelson Mandela.

INVICTUS – William Ernest Henley (Long John Silver)

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

(«Invictus» es el poema que Nelson Mandela se recitaba a sí mismo cuando llegaban los momentos peores a lo largo de su terrible cautiverio en prisiones sudafricanas por su lucha contra el racismo y el apartheid)

Comunicar para crecer

“Qué tal si deliramos por un ratito / Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible…” Eduardo Galeano

La comunicación es una potente herramienta de transformación social. Mientras la malempleemos para dar pábulo a un mundo sin alma y sin valores, a un mundo superficial, ímprobo e injusto, estaremos desaprovechando el instrumento más útil que tiene la humanidad para adivinar otro mundo posible.

“Los responsables de comunicación hemos estado alimentando a muchos vampiros, construyendo empresas sin alma. No hemos trabajado el carácter sino la notoriedad”, dijo el presidente de Dircom, José Manuel Velasco, esta semana en Zaragoza. ¡Cuánto me gustó oír esto! Por supuesto, no quiero decir que me guste que así sea, sino que alguien lo diga por fin en voz alta. Así es, no hemos trabajado el carácter, sino la notoriedad.

Más interesados por la apariencia que por la verdad, no nos hemos conformado con descuidar esta última, que habría sido ya bastante grave, sino que la hemos denigrado hasta convertirla en un estorbo, y en muchos casos hemos denominado “comunicación” a un aparato de inventar y contar mentiras.

La falsedad, la deslealtad, la desconsideración… parecen a algunos mucho más efectivas que la integridad, la coherencia, la responsabilidad o el respeto. Lo primero es útil para la acción y lo segundo, única y exclusivamente, para el discurso. He oído a algún director de comunicación hacer gala de su carencia de valores y he visto a sus secuaces hacerle la ola por ese motivo.

Hablar de valores está de moda, pero tenerlos ha sido (ojalá no lo sea ya), hasta hace muy poco tiempo, anticuado, poco progre.

La comunicación y la comida son derechos humanos, decía Eduardo Galeano en el mismo poema que he citado más arriba, pero esta comunicación a la que todos tenemos derecho lleva en su esencia principios como: verdad (sin verdad no hay confianza y la falta de confianza destruye la comunicación), coherencia, responsabilidad y respeto.  Un director de comunicación ha de tener estos valores e impulsar en su organización y en el contexto en el que comunica un comportamiento acorde con esos principios, un alma.

Llevamos en cada uno de nosotros la semilla para mejorar el mundo. Hacerla crecer es vital para la felicidad individual y colectiva. Tener valores y vivir de acuerdo con ellos crea una sensación reconfortante de paz y de confianza a uno mismo, al entorno inmediato, a la sociedad en general y a sociedades futuras.

También esta semana, contaba el delegado de Aragón Exterior en Kazajistán, Karlos Landeta, que los kazajos no cierran nunca un acuerdo si de él no se deriva la ganancia para todas las partes. Saben que, si el otro pierde, no volverá a hacer negocios con ellos.

La mentira, la improbidad y la injusticia podrán servir (a corto plazo) a la notoriedad, pero nunca al carácter. Si nos dejamos arrastrar por el impulso de ganar a corto plazo estaremos perdiendo la oportunidad de inventar y de vivir otro mundo posible.

para web

Día Universal del Niño

El género humano es una realidad agitada por un constante inicio: la niñez es la innovación de la humanidad. Los niños han de ser guiados en pos de la construcción de su ser. Su felicidad y el respeto que adquieran por sí mismos dependerán de sus relaciones con personas importantes en su vida y, en definitiva, del AMOR que sintamos por ellos y que sepamos manifestarles. Todos tenemos la responsabilidad de educar.  

 «El hombre quiere ser confirmado en su ser por el hombre, y desea la presencia del ser del otro… secreta y turbadamente espera un SÍ que le permita ser y que puede llegar a él solo de persona a persona.»  Martin Buber.

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Los amigos de las redes sociales

Desagrada a algunos que facebook denomine “amigos” a los… ¿Cómo dirían ustedes? Facebook los llama “amigos” y entiende que tenemos un vínculo previo en la vida real con aquellas personas cuya “amistad” solicitamos o aceptamos en la red.

Sin embargo, desde mi punto de vista, el gran mérito de las redes sociales (tal vez porque son gratis no hemos llegado a advertir su gran valor) es que nos permiten comunicarnos con personas a quienes no conocemos y, casi con seguridad, jamás podríamos conocer de otro modo: gente a la que admiramos, gente que nos inspira un gran respeto porque muestra interés por nosotros, gente que cuenta cosas que nos interesan, gente que nos informa, que nos advierte, que nos hace sonreír, que nos emociona, gente que nos apoya, que nos consuela, que nos anima y ¡gente que nos muestra otra forma de ver las cosas!, lo cual es excelente para nuestras neuronas. Las redes sociales nos permiten escuchar y hablar a toda esa gente, y de ese trato pueden nacer verdaderos afectos. Conocer, escuchar y hablar, es el primer paso de la amistad.  

«En el principio era el Verbo… Todas las cosas por él fueron hechas» (Juan 1). Las palabras expresan pensamientos y propósitos, y tienen, a su vez, un gran poder creador. “Amigo” me parece una palabra preciosa: es fértil, flexible y desplegable. Los amigos no se acaban en los que ya tenemos, sino que siempre podemos tener más. Cuando menos y donde menos lo esperamos, conocemos a una persona, congeniamos y ese encuentro puede convertirse en una larga y fecunda amistad.

No sé si es por el poder creador de la palabra o por lo valiosos que son mis amigos de las redes sociales, o tal vez por ambas cosas, me siento inmensamente afortunada de tenerlos.

La escritora, diplomática y una de las grandes líderes del siglo pasado, Eleanor Roosevelt, dijo que “la amistad con uno mismo es de suma importancia, ya que, sin ella uno no puede ser amigo de nadie más en el mundo”.  Yo me atrevo a añadir que las redes sociales ayudan a uno a ser mejor amigo de sí mismo, y también a ser mejor persona en tanto le hacen consciente de que el individualismo es una patraña, y que hay valores como el respeto por los demás, la responsabilidad de lo que publicamos o la cooperación que merecen la pena.

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Vivir es maravilloso cuando estás rodeada de gente buena

 “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, dice David Trueba, pero yo pienso que vivir es fácil cuando estás rodeada de gente buena, de gente en la que puedes confiar. Entonces no solo es fácil, es maravilloso.

Y además de maravilloso, vivir es divertidísimo en compañía de algunas personas que, además de bondad, poseen una agudeza y una jovialidad extraordinarias. Una de esas personas es Javier Cámara. Es difícil escucharlo cinco minutos seguidos sin que te haga reír, y dice cosas tan serias como que no debemos tener miedo a no conseguir lo que deseamos, que “hay que dejar que los niños sueñen sin tapujos, sin que nadie les diga que no se puede». Y opina que, aunque en su profesión el talento es importante, lo es mucho más ser tozudo. Yo creo que esto último lo dice por humildad, porque él el talento lo derrocha a raudales.

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Y he aquí más gente encantadora con talento e ingenio:

Los escritores Ismael Grasa y José Luis Melero, ambos también actores en "Vivir es fácil con los ojos cerrados"

Los escritores Ismael Grasa y José Luis Melero, ambos también actores en «Vivir es fácil con los ojos cerrados»

Jorge Sanz, Luis Alegre, David Trueba y Javier Cámara

Jorge Sanz, Luis Alegre, David Trueba y Javier Cámara

Héroes infalibles

Si el profesor Indiana Jones, héroe entre los héroes, puso de manifiesto que la arqueología puede ser una aventura; el profesor Antonio San Román, protagonista de “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, muestra que el inglés también puede serlo. La película de David Trueba me recuerda en muchos momentos a la de Steven Spielberg “Indiana Jones y la última cruzada”, no solo por el desierto de Tabernas de Almería, lugar elegido para los dos rodajes, sino porque hallo muchas similitudes entre ambas.

Indiana Jones se lanza a la aventura de encontrar a su padre, desaparecido mientras buscaba una pista de la ubicación del Santo Grial; Antonio San Román, a la de encontrarse con John Lennon, desaparecido mientras se buscaba a sí mismo. Ambos parten con textos incompletos: Jones, con la mitad de una tablilla de arenisca en la cual (en la completa) hay un escrito en latín que describe el lugar donde se esconde el Santo Grial; San Román, con un cuaderno de letras de canciones de los Beatles a las que les faltan algunas palabras o frases que no ha conseguido reproducir.

No son, ni el uno ni el otro, héroes al uso, superhombres que salvan al mundo. Pero para ser un héroe no es necesario tener poderes extraordinarios, basta con ser una persona buena, creer en unos ideales e intentar hacer lo mejor por los demás. Ambos personajes reúnen estos tres requisitos.

Igual que Harrison Ford parece haber nacido a la medida de “Indiana Jones”, y que nadie mejor que Steven Spielberg habría podido dirigir esta saga; tras ver “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, es difícil imaginar a otro actor protagonista que no sea Javier Cámara, y solo David Trueba ha podido hacer de Antonio San Román el héroe puro por excelencia. Una no puede dejar de preguntarse qué habría sido de los dos adolescentes que le acompañan si él no se hubiera cruzado en su camino.

Héroes

Comunicación cooperativa

Este miércoles participo en una «Jornada técnica de buenas prácticas e intercambio de experiencias emprendedoras» que se celebra en Belchite. Hablaré de Comunicación cooperativa. Y comenzaré igual que comienza una de mis novelas favoritas.

«En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza: “Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien –me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas…”   Francis Scot Fitgerald, El gran Gastby
THE GREAT GATSBY